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Los 11 metros derrumban a un Numancia que mereció más

Allá por Soria, donde se lucha porque no se pierda parte de este país que a todos nos une, se disputaba hoy el encuentro más relevante para una parte de España. El Numancia abría su Nuevo los Pajaritos para brindar a 9.000 espectadores un espectáculo de lo más emocionante que bien necesitaba. Y es que entre tanto invierno y Navidad, tocaba volver a la normalidad y retomar la temporada de una forma adecuada.

El Real Madrid, que llegaba con un once plagado de incorporaciones de prueba, se plantaba en un partido que suele parecer más sencillo antes de jugarlo que cuando uno se planta en el terreno de juego. La oportunidad de los que nunca la tienen, como suele llamarse este momento, debía ser aprovechada por los integrantes de los blancos en el día de hoy.

Por otra parte, el Numancia sacaba su mejor planteamiento, ya que Arrasate confiaba en poder sacar partido de este duelo para sacar el milagro adelante en el Santiago Bernabéu el próximo miércoles. Es lo bueno que tiene esta competición de ida y vuelta, tan reclamada como inadecuada por parte de los seguidores y tan sana para los espectadores de los equipos menos grandes.

Así y sabiendo que el juego era lo que debía primar en un lugar como este, comenzó el duelo con una intensidad frenética. De una parte y de la otra llegaron ocasiones, pues los locales apretaron en torno al minuto 10 para buscar la portería madridista. Iginio la tuvo en el 12′, avisando de que no sería para nada el encuentro como se habían imaginado los de la capital.

Se apretó todo lo que se pudo, y se vigiló con lupa el rendimiento de algunos futbolistas como Gareth Bale, que llegaba después de haber sido duda durante los pasados enfrentamientos. Para otros, las vacaciones le habían sentado mucho mejor de lo esperado, y consiguieron dejar una buena imagen para Zidane de cara a los próximos duelos. Entre tanto, los dos conjuntos jugaban sus cartas, creando ocasiones, aproximaciones, nada más que simples y llanas suposiciones.

Así fue cuando se llegó a los minutos de la explosión. Sí, podríamos decir que siempre existe un punto de inflexión en los encuentros que hace que se rompa en dos. Muy probablemente el posible penalti sobre Nieto se podría decir que fue el de este. Este se quedó en un lance más que acontecía en el césped, pero para los aficionados pasó a ser algo más, mucho más.

Con el ambiente cargado, con los nervios a flor de piel, con una presión de un estadio repleto en su número, se señaló un libre de 11 metros a favor del Real Madrid. Habían acontecido 4 minutos desde aquel lance en el área blanca, y Bale ya había hecho el 0-1 con un disparo sencillo, lento, delicado, difícil de alcanzar para cualquiera que no acertase el lugar. Las esperanzas se desvanecían, y parecía que el festival sería como el de cualquier grande con un pequeño rival.

Pero los sueños, como decía aquel, sueños son, y para este Numancia el partido, un partido era. No había colapso, no había rendición, había trabajo detrás, había dedicación. Pese a que se le pusiese el partido cuesta arriba, no importaba nada más que seguir luchando, y durante la segunda mitad quedó bien claro que nunca se cesaría en este aspecto.

Diamanka se marchó expulsado cuando quedaba más de media hora por disputarse, ya que el colegiado consideró que la actitud del futbolista no fue la más adecuada. La roja le llovió como un jarro de agua fría que, acompañando del ‘Esto es un atraco’, dio el empuje definitivo que necesitaba el cuadro soriano. Kovacic salía a darlo todo, a contener a este rival que estaba dejándose más que 22 botas en su casa, a buscar el cambio que favoreciese a su bloque.

Con él se ganó presencia en el área rival, pero se perdió cierta fuerza al salir, pues Bale fue quien le dejó su sitio. Realmente, los merengues no habían tenido su mejor momento en este segundo acto, ni siquiera durante el primero, por lo que era necesario que los cambios entrasen a formar parte del esquema en esta inauguración del 2018. Quizás era el momento crucial para ello, pues la hinchada creía cada vez más en los suyos, y cambiaba las quejas por los ‘Sí se puede‘.

Así, y como bien cuentan las leyendas de las aficiones, los profesionales salieron a presionar como si no hubiera un mañana. Entre tanto, se desesperaba el banquillo visitante, que optó por un cambio de última hora para solucionar el problema con el que se habían encontrado. Daniel Ceballos cedía su parte a Isco, y este a la magia.

Digamos que lo que es la magia llegó al verde de Soria, llegó y se quedó hasta que el choque terminó. Porque en pocas ocasiones se queda uno al borde de anotar un tanto desde el centro del campo, pocas veces se queda a un paso de anotar el tanto que pondría el broche a una noche histórica en la que la justicia no se había aliado con quien probablemente más había luchado.

Quedaba mucho por vender, por contar, por hacer. Mucho por acontecer, y todo por ver en un Santiago Bernabéu en el que los madridistas defenderían un 0-3, porque pese a que no hubiera más que narrar, otro error cedió a Isco el honor de terminar lo que había empezado, y un desajuste defensivo el honor de anotar a Borja Mayoral el final de la lucha y del cara a cara.

Imagen: Real Madrid.

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