Inmunidad diplomática: No pasará nada

El fútbol vive una degradación constante con la resurrección de los movimientos ultras, a la par de un resurgimiento de ideologías que nunca han dejado nada que no fuera vergüenza y desolación y con total impunidad

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El fútbol como excusa. Un viejo clásico que retumba en cualquier conversación o tertulia, por informal o seria que sea. Hacía días que se avisaba del advenimiento de las tropas del infierno sobre la Tierra y, con el clima creado, llegó lo que nunca hubiera tenido que suceder pero estamos condenados a repetir. Don Inocencio Arias García falleció mientras se desataba una batalla campal indigna de cualquier especie que esté reconocida como tal en el reino animal. Su luctuoso final, víctima de un ataque al corazón del que nunca podremos conocer a ciencia cierta su motivo, ennegrece un poco más la que probablemente sea la noche más oscura de los últimos años en Bilbao, atormentada por la inmunidad de los indeseables.

Reducir lo de ayer a una cuestión de ultras «A» vs ultras «B» en una ciudad aleatoria es de ser necios. Demasiados factores intervienen para llegar a los tumultos sucedidos. Desde la propia política a la relación de dueños de clubes con sus aficiones y constantes guiños con los «animadores» que siempre están pendientes de todo, menos del fútbol con total impunidad e inmunidad. Desde las instituciones y su incapacidad para prever hasta que punto pueden a llegar a ser graves los incidentes hasta la complacencia del organizador del torneo, conocedor de las andanzas de este tipo de energúmenos pero siempre dispuesto a mirar en otra dirección mientras el dinero aterriza en sus manos. Eso si, cuando sucede, investigaciones, amenazas de sanción a los clubes y la UEFA, de rositas. Inmunidad diplomática.

Demasiados responsables para un hecho tan lamentable como evitable. Una prensa que, bajo la excusa de informar, no duda en sembrar un ambiente de pánico en los días previos que ejerce una tensión en la ciudad que se acerca a la irracionalidad. Y, posteriormente al hecho, revolverse en la carroña buscando el titular y la primicia. ¿Cuan estúpido es salir a cazar la exclusiva en un tema que afecta de manera tan directa a personas que, mas allá del dolor por la desgracia, no merecen el sufrimiento de la especulación banal sobre su allegado y como abandonó este mundo? Para rematar, las portadas del día resultan lamentables, pero la impunidad es lo que tiene: ¿Qué importan los principios? Otros que viven en su propia inmunidad.

A nadie le sorprendía a priori lo que podía suceder: La lista de antecedentes de esta calaña que comparten calles y oxigeno con el resto de los mortales daría para empapelar la muralla china por ambos lados dos veces. Y nadie hizo nada fuera de lo común. El Spartak facilitó el acceso, la UEFA pasó olímpicamente del tema, no sea que Gazprom, su principal sponsor, pudiera enfadarse. La Ertzaintza bastante tuvo con lo que se le vino encima. Y los radicales locales, que los hubo, tampoco ayudaron. Hacer la justicia por tu mano nunca es una solución. Podemos cambiar nombres, ciudades, cuerpos policiales, competiciones, pero el patrón se repite. Mientras el miedo a estos maleantes rija el protocolo de actuación en estos casos, será una batalla perdida.

Aitor Zabaleta debió ser un punto de inflexión. No lo fue. Íñigo Cabacas debió ser el último. No pudo serlo. Inocencio Arias García es el más reciente. No será el último. Mientras la impunidad campe a sus anchas, así nos irá. El fútbol no merece esto. La afición no merece vivir con miedo por lo que pueda pasar. No se puede ni se debe generalizar, pero reducirlo a altercados puntuales es indigno. Pero nada cambiará, ni siquiera que, Dios nos libre, se repita un Heysel en cualquier ciudad.

Entonces lloraremos, clamaremos al cielo, haremos retweets y cadenas de mensajes y chorradas varias para, a los pocos días, seguir igual. Y todo ello bajo la sensación de inmunidad absoluta que disfrutan estos sujetos. Enhorabuena. El fútbol está perdiendo por goleada pero nadie está dispuesto a dar el golpe de timón necesario para intentar remontar. Y, mal nos pese, la vida seguirá igual.

 

PD. En menos de un mes, las «hermanitas de la caridad» de Marsella en Bilbao y otro pelotón de ultras rusos en el Metropolitano. Se vienen curvas que se ven a kilómetros de distancia. Hasta el mismo día no harán nada si es que llegan a hacer algo. ¿Apuestas?

Por @GomilaLopez

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