¿Cuándo desconectamos de tanto fútbol?

En los tiempos que corren ya se puede desconectar del fútbol, las competiciones se suceden, la sobreinformación nos abruma y el aficionado sin capacidad para regenerarse pierde el interés a pesar de las cabriolas y piruetas realizadas por los que estan al otro lado para mantener la llama viva y el negocio rentable

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Sin apenas tiempo para poder borrar de la retina del aficionado las imágenes de un grupo de  henchidos y exultantes franceses levantando la tan codiciada y anhelada Copa Mundial y cuando nuestras mentes y pabellones auditivos ya estaban aparcando aquel puñado de nombres que nos revolotearon por la cabeza durante la primera quincena del mes de Julio. Los ya inmortales Modric, Mbappe, Kane, Hazzard, y tantos otros que coparon portadas, horas de televisión y radio martilleando nuestros incansables oídos futbolísticos,aparece ante nuestros ojos sin plazo para la recuperación ni la regeneración la temporada futbolística 2018/19. Y de nuevo nos llega otra avalancha de sobre información, oleadas de nombres, de fichajes y rumores, de calendarios asimétricos, de bolos de pretemporada, de fútbol sin cortapisas que provoca, en el ya aturdido aficionado, un cierto desinterés y una pérdida de sensibilidad hacia lo verdaderamente importante que no es otra cosa que la emoción producida por la novedad, la sorpresa, lo buscado, lo esperado, lo deseado.

Foto: netzoe.com

Si bien es cierto que los eventos futbolísticos apenas han cambiado. Pues Copas Mundiales, Copas América Eurocopas y competiciones ligueras se vienen celebrando desde tiempos pretéritos, lo que sí que ha cambiado y de manera ostensible es el acceso que tenemos a toda esa información.

Hemos pasado de buscar datos, nombres y fichajes con la emoción del niño para el que todo era novedad a poseerlo todo sobre todos y tener que aprender gestionar esa sobre información que nos llega  de la mano de la  Televisión, Radio, Twitter, YouTube, Instagram, Internet y tantos canales como existen. La sobre información futbolística aterriza en nuestros domicilios,  abrumándonos y enganchándonos sin piedad, sin darnos tiempo para desconectar ni asimilar lo vivido.

Hasta el punto de añorar un pasado no tan lejano cuando tan solo había un programa de televisión de carácter semanal dedicado al fútbol, o un solo diario deportivo  o cuando  se emitía un  partido de Primera división en el fin de semana  y ver el Torneo Carranza o el Teresa Herrera era un deleite para nuestros paladares sedientos de balón donde descubrías a aquel brasileño que podía fichar por el Deportivo de la Coruña o la nueva equipación que iba a lucir el equipo de tus amores.

Antes el común de los aficionados tenía una época para desconectar y la familia contenta porque de una manera u otra se podía evadir por un espacio razonable de tiempo del mundanal ruido que hay alrededor del balompié, antes se abrazaba el fútbol con fuerza en Septiembre o como mucho a finales de Agosto, pero ahora no. Ahora nos envuelve, nos desgasta e insensibiliza hasta el punto de que se ha perdido lo más importante que es el sentimiento y las ganas de  descubrir y eso se refleja luego en los campos. Ya no se anima como antes, ya no se sufre y dudo salvo en momentos puntuales que se disfrute, ya no es imprescindible ni tan siquiera acudir a la cita quincenal con tu localidad en el estadio ya no sorprende nada porque sabemos todo de antemano.

Gracias o por culpa de Internet, según se mire, podemos acceder hasta al más mínimo detalle de todos los protagonistas, estadísticas, datos, lesiones, pronósticos etc. Desde el cuarto árbitro, hasta al querido capitán de tu equipo. Podemos ver tres o cuatro partidos en un solo día, encuentros de competiciones tan variopintas como la liga japonesa o la salvadoreña. A gusto del consumidor.

Porque en eso nos hemos convertido los aficionados y amantes del fútbol en general, en consumidores, en parte del negocio, en la parte contratante de la primera parte, la que no puede faltar, la que paga. Y evidentemente los que manejan los hilos de la transacción no saben ni quieren saber de sentimientos ni de demoras, de necesidades ni de esperas solo de derramas y de cifras.

Sería incauto por mi parte pretender descubrir a estas alturas las verdades del barquero, todos sabemos que el mal llamado deporte rey se ha convertido en un negocio más cerca del espectáculo y la farándula propia de los tiempos que corren que de un deporte como lo entendía el respetado Barón de Coubertin. Pero si por lo menos pudiésemos desconectar un poco de vez en cuando, seguro que muchos aficionados entre los que me incluyo  lograríamos degustarlo y saborearlo a la vuelta de una merecidas vacaciones de una forma más pura, intensa  y enriquecedora como hacíamos en nuestros tiempos de infantes.

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