OPINIÓN | Con nuestra identidad por bandera

Que el Oviedo no pierda su esencia y personalidad, la clave

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Parece que ha llegado. Ese día, el que está marcado en rojo en los calendarios de todos los asturianos. El momento del derbi. De ver a tus vecinos, competir con ellos. Sacar a flote esa rivalidad, deportivamente hablando, que hace a este partido único. Porque el gran encuentro de Asturias despierta la atención de todos. Y más no habiendo jornada en Primera, claro está. Es el partidazo. Donde todos quieren estar y todos quieren jugar. Nada mejor para inaugurar la primavera. Que nadie vaya muy abrigado, el invierno ya se acabó. Aunque la verdad, algo tiene El Molinón. Porque la gran mayoría del estadio se quedó congelada, pero una pequeña parte no. Donde se veía mucho color azul concretamente. Curioso.

Sea invierno o primavera, el Oviedo llega en un buen momento. A los mandos de uno de los mejores comandantes se encuentra un ejército duro, que compite hasta el último minuto del último partido. Y más en un derbi. Porque, la verdad, el cuadro carbayón sí sale a por todas. Quedó claro en la ida. Había un equipo que jugaba con sentimiento. El que transmitió la afición desde horas antes del partido. Imposible no salir al máximo. A los quince ya estaba la faena hecha. Pero ahora llega otra batalla.

Quizás esta sea distinta. Para triunfar hay que estar concentrados en todo momento. Llevar el partido a nuestro terreno, en el que el equipo se siente cómodo. No desviarse nunca del camino que lleva al triunfo. Ya lo dijo uno de los mejores guerreros: «Que nos vean como ese equipo feo y asqueroso contra el que nadie quiere jugar, esa identidad se tiene que ver». El Oviedo tiene que ser el de siempre. Da igual el escenario o lo que se encuentre en él.

Por la afición

Los derbis son siempre algo más que tres puntos. Por lo especiales que son, por el sentimiento que despiertan entre todos los aficionados. En el Oviedo ya lo saben. No hay mejor ejemplo que lo sucedido antes del encuentro de ida. Que cada jugador recuerde la manera en que fueron desde el hotel al Carlos Tartiere. Lo que sucedió en aquel momento. Multitud de aficionados acompañando al autobús. Daba igual todo. Había que inyectar en los jugadores esas ganas por ganar. Por eso, el equipo debe vencer por ellos, por los que siempre han estado ahí.

Y aunque no habrá el mismo calor en la llegada a El Molinón, los jugadores tendrán un buen aperitivo el sábado. Para ir enchufándose. Entrenamiento a puerta abierta. Como la pasada temporada. La afición dará el último aliento antes de la gran batalla.

El derbi siempre es especial, y el Oviedo no pierde uno desde el año 2002. Es cierto que ha estado muchos años por detrás. Como también es verdad que muchos escupieron hacia arriba y les ha caído en la cara. Porque los había que se reían ante la posibilidad de volver a jugar un derbi. Pero esto es fútbol. El gran partido volvió y ahora la sonrisa ha cambiado de bando. Con el brazalete de Toché, con el ‘valencianu roxu’ o, simplemente, con un repaso sensacional en apenas cuarenta y cinco minutos. Así es este deporte.

 

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