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Carbón del negro

El conjunto ché se levantó el viernes con la intención de ver un regalo grande en el salón de casa y la verdad que la caja parecía muy bonita; pero cuando la abrió había carbón del negro: como su futuro.

No hay sensación de mayor desazón que la de ver a tu equipo perder en un día de reyes a un día de viajar fuera de casa otra vez; y fue lo que hizo el Valencia el otro día con una nueva derrota en Mestalla frente al conjunto amarillo.

Primero, y antes que nada, querría mandar ánimos a la familia y allegados del fallecido por un infarto de miocardio minutos antes del encuentro, que parecía estable y minutos después del fin del partido llegó la terrible noticia.

Yendo al partido del viernes es de verdadera impotencia ver a los futbolistas con la actitud que se les vio en la primera parte ante un mismo plan sin que se cambiara al plan ‘B’ -que no existía- en ningún momento.

La segunda fue mínimamente mejor, con un Almeida con personalidad; pero con la poca experiencia que hay entraron los nervios y se empezó a centrar sin sentido. Situación cómoda para Fali y Luis Hernández.

Dejando de lado el partido del otro día, y yendo a la situación actual del Valencia, la palabra es ‘tristeza’; tristeza de ver en lo que nos han convertido. Un equipo que con la derrota de ayer ya se queda prácticamente fuera de Europa -salvo milagro- otra temporada más. Con Meriton ya van cinco así.

Vamos de títere en títere, a cada temporada un entrenador nuevo, como si fuese gratis despedir a los entrenadores sin que se llegue a cumplir el contrato, pero para Meriton es algo normalizado.

A la llegada de cada entrenador son ganas nuevas, aire fresco, ilusión; pero en cuanto toca mejorar la plantilla todo se desvanece, empieza bien la liga, luego te caes por ser irregular, pides refuerzos que no llegan en enero -o llegan tarde- y se quema el entrenador. ¿Y lo fácil? Echar al entrenador. La pescadilla que se muerde la cola.

Actualmente estamos precisamente en el punto del mercado de invierno, otra vez con el entrenador en el punto de mira. Porque sí, sus números son pobres (4/18), pero no ha recibido los mimbres para hacer funcionar su esquema.

El entrenador, se ha puesto delante de todo y todos, él es el escudo de presiones externas; al final se han creído el discurso de los cuarenta puntos; y están tirando la temporada en enero ese es el daño colateral de todo. Y como no, ahora, la presión al entrenador que veremos que saca de la chistera para salir del pozo en el que estamos sumidos.

Por desgracia este es el Valencia de Meriton que no solo cambia entrenadores, sino que no asienta un proyecto desde que delegó los poderes futbolísticos en Mateu y Marcelino en 2017.

Los jugadores vienen y van; de hecho, un dato es que de la temporada del año pasado han llegado nuevos diez jugadores de los cuales cinco son cedidos. Y de ellos solo algunos son con opción de compra y otros se los formas a Atlético o Barcelona que se te quedan a años luz.

Eso muestra el poco compromiso de Meriton que cuando llegó en 2013 prometió Champions, y en estos ocho años solo hemos escuchado el himno de las estrellas en tres ocasiones. El resto, desierto. Bueno, dos finales de Copa y una de ellas ganada.

El panorama actual del Valencia es desolador, al menos en el medio y corto plazo.

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