· 26 Oct 2026 · 14:37

Mourinho cambia al Real Madrid. Exhibición en el Clásico

Mourinho parece que va dando con la tecla para el Real Madrid, los tres últimos partidos han cambiado por completo la dinámica del equipo, y lo que es más importante, se empieza a reconocer a un equipo que aun estando lejos, ha dado un paso de gigante para que se pueda volver a pensar en títulos. El partido ante el

Javier F. Redacción Grada3 · · act. 14:37
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Mourinho Clásico Real Madrid

Mourinho parece que va dando con la tecla para el Real Madrid, los tres últimos partidos han cambiado por completo la dinámica del equipo, y lo que es más importante, se empieza a reconocer a un equipo que aun estando lejos, ha dado un paso de gigante para que se pueda volver a pensar en títulos. El partido ante el Barcelona fue una demostración de que al entrenador portugués no se le ha olvidado lo que es entrenar, no se le ha olvidado lo que es preparar un partido al más alto nivel, y no se le ha olvidado mover sus piezas como nadie.

Porque había muy pocas incógnitas del equipo que iba a sacar ante el Barcelona, solo había una duda, pero nadie acertó al apostar por Bernardo Silva de titular, y fue un acierto, le dio el equilibrio a un equipo que tenía que correr más que nunca, pero aprovechar su juego con el balón, y desarboló al Barcelona de Flick. Defender fuerte no está reñido con la calidad, y Mourinho ayer lo demostró.

Mourinho enseña sus armas

En esto del fútbol, se tiende a encasillar a los personajes, a veces dan motivos para hacerlo, a veces tiene que pasar algo para que algunos de estos personajes cambien una primera idea, o para que el resto nos demos cuenta de que las cosas no son blancas o negras. Algo así debió pasar el día de la Roma, cuando Mourinho planteó un partido donde había mucho músculo, y nada de juego. Y todo cambió cuando en el minuto 70, con todo perdido, sacó a los jugones y lanzó al equipo al ataque, remontada, 3 goles en 7 minutos y medio para ganar 3-4, y ahí cambió todo.

Porque luego llegó el partido ante el Sevilla, el partido más completo en lo que va de curso para los blancos, donde creció el compromiso colectivo, donde volvieron jugadores que jugaban al fútbol. Tuvo continuidad en Leipzig, sobre todo en la segunda mitad, otro partidazo de los de Mourinho.

Con ese estado de ánimo elevado, no vamos a decir disparado, se llegaba a este Clásico, se había logrado pasar del pesimismo al «se puede ganar», pero se sabía que se iba a sufrir, que el Barcelona iba a llevar el peso, y que iba a tocar defender. La gran incógnita era cómo iba a jugar Mourinho, qué armas iba a usar… las que tenía más que preparadas y estudiadas.

Mourinho, el gran ganador del Clásico

La duda generalizada era si jugaría Dumfries o Camavinga, el primero por su despliegue defensivo, el segundo, por su gran actuación en el último partido de Champions. Pocos apostaron por Bernardo Silva. Y todo funcionó. Porque el portugués, si algo tiene, es experiencia al máximo nivel. No le pesaba la pelota cada vez que recibía, y defendía como el que más. Liberó a Tchouaméni para que hiciera lo que mejor sabe hacer, con un muro en el centro del campo, que además, ese espacio que le genera, le permitió también jugar. Y apoyado con Güler y Bellingham, desarbolaron al Barcelona en la primera mitad, incapaz de dar con las soluciones.

Porque el Barcelona tenía el balón, pero el plan de Mourinho, la distribución de sus jugadores, el trabajo colectivo, estaba saliendo a las mil maravillas. Solo Raphinha, que se encontró con un rechace, y Lamine Yamal, que falló lo que alguien de su talla jamás debería fallar, inquietaron. Y el Madrid, cada vez que rompía la primera línea del Barcelona, que fue constante, se plantaba con peligro en el área contraria.

Un Barça que no se rinde

Como pasa en estos partidos, hay fases y fases. El Barcelona lo intentó en la segunda parte, pero seguía sin dar con la tecla. Eso sí, penalizó muy caro uno de los pocos despistes de los blancos en un saque de córner. El gol del brasileño cambió la dinámica, era de esperar una reacción de este Barça que es muy bueno, y más jugando en casa. Fue ahí cuando se vio al Madrid más defensivo, más solidario. Pero los de Flick solo tuvieron una, de córner, donde Lunin volvió a ser aquel portero que llevó al Madrid a la decimoquinta, paradón para tener su segundo de gloria, suficiente para ser determinante.

Ahí Mourinho tenía una cosa clara, había que aguantar, porque los culés estaban volcados arriba, era cuestión de tiempo que llegara alguna jugada. Y lo encontró precisamente con Camavinga, que estuvo sensacional el poco tiempo que estuvo en el campo, pero que se quitó en una jugada toda esa mochila de errores e irregularidades que arrastra de las últimas dos temporadas. Jugadón para regalarle a Mbappé el gol de la victoria, jugadón para premiar el perfecto planteamiento de Mourinho, jugadón para decirle al Barcelona y al mundo que sí, que queda mucho, que hay mucho que mejorar, pero que el Real Madrid está de vuelta.

Javier F.

Redacción de Grada3

Periodista nacido en Madrid y licenciado en la Universidad Antonio Nebrija. Una década trabajando en Onda Cero, y varios años colaborando en Okdiario y en El Independiente. En la actualidad informo del Real Madrid para Grada3.

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