Desde la salida de Joselu del Real Madrid, después de levantar la decimoquinta, el equipo blanco ha echado en falta tener a un 9 de los de toda la vida, un hombre grande, con gol, de área, fuerte por arriba, fuerte en el cuerpo a cuerpo, capaz de jugar de espaldas, y capaz de provocar un verdadero dolor de muelas a los defensas. La llegada de Espí fue una sorpresa, pero ha caído de pie. Su problema es que delante tiene a dos estrellas, y no será fácil quitarle el puesto a ninguno.
Espí y su llegada al Real Madrid
Gonzalo fue el futbolista elegido para jugar de 9, no es su posición natural, empezó siendo extremo derecha, pero cumplía, marcaba goles, iba bien por alto, y jugaba bien de espaldas, a un toque, y generaba espacios con su juego. Apostar por el Real Madrid le cerró las puertas del Mundial, y decidió salir en busca de minutos al Fulham, Arbeloa le quería, pese a apenas usarle en su breve etapa en el banquillo del Bernabéu.
La sorpresa fue Carlos Espí, un delantero que, con 20 años, realizó una gran campaña en un Levante que no hace ruido. Sus números así lo asesoran, pero nadie lo incluía en sus quinielas, sobre todo, porque no había sonado para ningún otro equipo. Es lo que tiene ser de un equipo pequeño, puedes hacerlo muy bien, pero el altavoz mediático es clave, y él no lo tenía. Pero en las oficinas de Valdebebas sabían que el 9 era una asignatura pendiente junto al mediocentro defensivo. Pusieron sus ojos en él, y no parecen haberse equivocado. El club blanco anunció su fichaje el 30 de julio, un buen regalo de cumpleaños para un chaval que acaba de hacer los 21 seis días antes.
Espí cae de pie en el Real Madrid
Desde el primer partido de pretemporada, se vio que el jugador iba en serio y que la apuesta del club blanco era muy acertada. Un futbolista de 1,94, 87 kilos, esa corpulencia, ese tamaño, no es fácil de moverlo en el fútbol actual, se le nota en el terreno de juego, pero a cambio ofrece una facilidad pasmosa para entender el fútbol, para explotar esas virtudes de tener un cuerpo así, muy duro en el uno contra uno, de espaldas, sabe girarse, ganar la posesión y posición, y, aunque le cuesta arrancar, cuando coge velocidad, es un tráiler imparable. Un 9, un jugador de área que lo remata todo, venga como venga, sea el balón que sea, se hace grande (más de lo que es), un verdadero dolor de muelas para los defensas.
En la pretemporada tuvo mucho protagonismo, se hinchó, aprovechó su presentación al madridismo, pero tocaba ver qué haría con fuego real. No hubo que esperar mucho, en la primera jornada, cuando moría el partido en RCDE Stadium con empate a uno, saltó a falta de menos de diez minutos para acabar el partido, y marcó el tanto la victoria ante el Espanyol. Lo mismo pasó hace unos días con el Elche, salió cuando los locales empataron, a ocho minutos para el final, para darle tres puntos vitales a los de Mourinho.
También lo hizo ante el Betis, este fue una media chilena espectacular, pero el tanto fue anulado por fuera de juego milimétrico. Hubiera sido el empate, pero queda claro que, como bombero, como apagafuegos, es ideal para el Real Madrid.
Una titularidad complicada
El Real Madrid vuelve a tener un 9 de verdad, y muchos creen que es necesario contar con un jugador así desde el inicio. Al equipo blanco se le suelen atragantar equipo que se le meten atrás, y la calidad individual muchas veces no basta para derribar defensas tan pobladas, a veces, de hasta 10 hombres. Contar con un nueve puro ofrece más alternativas, primero, los centro al área, pero también genera espacios. Un hombre como Espí tiene que estar constantemente vigilado, más teniendo en cuenta que cualquier compañero le puede dar un pase de gol en cualquier momento. También es un apoyo para jugar de espaldas, asociarse con los jugadores que llegan de frente. Todo esto genera más espacio, más alternativas, más armas para atacar.
El problema, ya se sabe, delante tiene a grandes estrellas. Vinicius parece intocable con Mourinho, esto obliga a poner a Mbappé de nueve, y por si acaso se ha fichado al jugador más caro de la historia del club, Diomande. Parece imposible que, ante tanta estrella, se pueda hacer un hueco en el once. Hace falta tener mucha personalidad para sentar a alguno de estos, para poner a Espí, Mourinho la tiene, pero ¿tanta?
El Real Madrid, casi cualquier equipo del mundo, necesita tener un nueve, del mismo modo que necesita tener un jugador en el centro del campo que se ponga al mando de la sala de máquinas para hacer jugar al equipo. Lo primero parece que lo han encontrado, lo segundo, sigue siendo, una temporada más, una asignatura pendiente.
