El sportinguismo no teme al derbi

Digan lo que digan desde la capital, en Gijón no tememos al derbi. Es más, lo esperamos con ansia para dar el golpe encima de la mesa que el Sporting y el sportinguismo necesitan para engancharse al tren del ascenso

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Llega de nuevo el derbi. Han pasado quince largos años desde que el Carlos Tartiere acogiese por última vez uno de los mayores eventos futbolísticos del país y este domingo volverá a hacerlo. Será, como no podía ser de otra manera en Asturias, con frío, lluvia, viento y, presumiblemente, barro.

A los sportinguistas no nos asusta el derbi. Existe la creencia popular de que estamos, con perdón, «cagaos» porque creíamos que ese partido nunca se iba a volver a disputar tras la caída a los infiernos del Real Oviedo. Eso se le ha tenido que escuchar a entrenadores de bar. De esos que con la cerveza o la copa en la mano creen saberlo todo. También se le ha escuchado a otros entrenadores, de los que tienen título. Frustrados porque nadie les ofrece un banquillo y deben consolarse comentando encuentros en radio o televisión. Permítanme que discrepe hasta el infinito.

Los sportinguistas tenemos tantas ganas de derbi como los oviedistas. ¿Qué la afición carbayona nos tiene ganas? Me parece lógico. Aunque nosotros no tengamos culpa, se han pasado más de una década compitiendo en categorías que pueden catalogarse como una jungla. Muchos años viendo como su eterno rival celebraba ascensos y protagonizaba partidos épicos. Mientras tanto ellos solo los podían ver por televisión, jurando que algún día ellos también lo volverían a hacer.

Quince años muy duros, en los que también sufriendo humillaciones por parte del filial rojiblanco, como aquel 1-4 en el Carlos Tartiere. Pero que lleguen con rabia no es motivo para que nosotros temamos al derbi. Los que ya vivimos algunos en el pasado lo esperamos con ansia. Ansia de volver a ver al eterno rival morder el polvo. De ver como Michael Santos, Jony o Carlos Castro por citar algunos devuelven la celebración de Toché en El Molinón en la primera vuelta. Porque de eso se trata un derbi; de festejar tus alegrías mientras tu rival maldice sus penas.

A los sportinguistas no nos asusta el Real Oviedo. El equipo de Juan Antonio Anquela es un gran equipo. Está en una línea muy buena, pero confiamos en los nuestros. El Sporting llega en su, probablemente, su mejor estado de la temporada al derbi. Con Rubén Baraja el Sporting sabe a qué juega y se ha mostrado como un conjunto sólido como local. A domicilio su mejoría ha sido notoria, pero falta la guinda. Falta ganar fuera de casa. Falta ganar el derbi.

A los sportinguistas nos gusta cuando los entrenadores de bar y otros «expertos» dan favorito al Real Oviedo. Llegar de tapados es lo mejor que nos puede pasar a los sportinguistas. Mi memoria se remonta inexorablemente hasta el año 2001. Aquel año el Real Oviedo descendió de Primera a Segunda División. Y obviamente hubo derbi, pues el Sporting llevaba ya tres años en Segunda desde su descenso en 1998.

El Sporting acudió el 28 de Octubre de aquel año al Carlos Tartiere. A la casa del que entonces era tras diez jornadas el único equipo invicto de toda Segunda. ¿Saben que pasó? El Sporting venció 0-2 y todos lo catalogaron como una sorpresa. Es un derbi, nunca hay favoritos. Si alguien se cree favorito, corre el riesgo de llevarse, con perdón, una hostia.

Por último, a los sportinguistas tampoco nos asusta el barro o la meterología. Tati Valdés, que no creo necesite explicación de quien es para el sportinguismo, siempre lo dijo: «Ya llegará el barro». Es Febrero, es invierno y en Asturias llueve, hace frío y los campos se embarran. Quien no se adapte perderá el derbi y lo hará con justicia. Ya lo dice la canción:

Frío, lluvia y viento; duros momentos que yo pasé.
Sufrí con tus derrotas y tus victorias yo festejé.

Nos fuimos a Segunda y a todas partes yo te acompañé.
Estos últimos años todas las cosas yo soporté.

Por eso les digo a todos los que no entienden esta pasión.
Sporting te llevo adentro en lo más profundo del corazón.

Podrán pasar cien años, quizá quinientos, quizá mil.
Sporting junto a mi madre eres lo más grande que conocí.

Cuando yo me muera habrán nacido ya muchos más.
Que te animen por siempre y no te abandonen nunca jamás.

¡A por ellos! ¡PUXA SPORTING!

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