Opinión: La música y la Fórmula E

Cuando el oido es más inteligente que el corazón.

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El pasado sábado viví por primera vez la experiencia de un evento de motorsport como lo es la Fórmula E, acá relativamente cerca de donde vivo en mi natal Santiago de Chile. No soy un fan de la categoría bajo ningún punto de vista a parte de la tecnología presente en el desarrollo de cada monoplaza, eso habría que ser bastante macaco para no considerarlo como algo relevante.

Mi ubicación estaba en la curva 12, antecedía a una pequeña recta. Mi butaca estaba en la mitad de la gradería -techada, thank you very much- y estuve acompañado por bebidas gratis (gaseosas, claro está, sino sin lugar a dudas hubiera arrojado varias latas de cerveza al circuito en un ataque de locura etílica) un paquete de papas fritas, maní salado, y un cojín. Buen spot gracias a mi querido amigo Rodrigo Bebín.

Los 31ºC en el papel pero que sentía como 160ºC no impidieron que mis expectativas  -a pesar de ser bajas- fueran de disfrutar un espectáculo como el que se promocionaba, pero finalmente me retiré en la vuelta 27, a diez del final. ¿Por qué lo hice? Era como ver a un grupo de pilotos de talla mundial manejando autos eléctricos, de esos que se manejan con un control remoto. Me faltó música. Más específicamente percusión, de esa buena que se siente en la calidad abdominal.

En la vuelta 15 cuando lideraba uno de los pilotos que creo había obtenido la pole, mi mente viajó al año 2012, al circuito de Vizcachas acá en Santiago, un reducto histórico con un trazado simple pero demandante. En esa oportunidad disfruté tres carreras de autos clásicos, un par de Abarth, dos o tres BMW M3 e30, dos Porsche GT2, y otras maravillas de la ingeniería automotriz pero mi atención se centró en un Ford Mustang creo que de 1965, rojo con líneas blancas tipo Shelby que ejecutaba un solo de batería como sólo Keith Moon lograba. Era una oda al jugo de dinosaurios. Era un ataque directo a los abraza-árboles.

Co-existían la estética propia de los Mustangs en sus inicios con esa música de un muscle car norteamericano.

Toda esa música no la viví estando presente en una ePrix. Ni siquiera era música electrónica que, por último, hace que muevas el esqueleto, no. Era un desafinado instrumento de dudosa procedencia, algo tan poco atractivo como besarle el axila a un francés que no se ha bañado en tres años.

Sé a ciencia cierta que la Fórmula E llegó para quedarse, pero creo que recién dentro de 15 años ya tendremos una categoría más competitiva, con monoplazas muchísimo más rápidos que los actuales (214 km/h como velocidad tope), sin cambios de coche por falta de jugo y con -ojalá- música.

1 comentario
  1. Fibra dice

    Se va a recuperar la emocion cuando sean ultra rapidos, agiles, autonomos y choquen con regularidad. La musica se fue para no volver…

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