El equipo que no quería ganar

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El Real Valladolid es uno de los principales candidatos al ascenso, y su victoria frente al líder fue un auténtico golpe de efecto. Pero, a pesar de la felicidad de la afición por el triunfo conseguido, hay que ser críticos y analizar cómo es posible que estuviera a punto de escaparse un partido, con una ventaja de 2 goles y jugando más de medio partido con un jugador más.

Pongámonos en situación, primera parte del partido disputado el viernes pasado que enfrentaba a los blanquivioletas con el Huesca, el líder de la categoría. El Valladolid realiza una primera parte estelar, a la que no se le puede poner pega alguna. Nada más comenzar el encuentro Jaime Mata adelantaba a los locales, y media hora más tarde, el pichichi de la categoría anotaba su segundo gol de la noche. Para redondear esta primera parte, el conjunto visitante se quedaba con 10 tras la expulsión de Chimy Ávila por agredir a Calero con un cabezazo. Al descanso, 2-0 y un jugador más, partido resuelto podríamos pensar, pero con el Valladolid este concepto no es concebible y es que este equipo ya ha demostrado ser capaz de lo mejor y de lo peor.

Comenzaba la segunda parte, y todo cuanto habíamos visto en la primera se esfumó, como si los 15 minutos de descanso hubieran hecho que este partido se continuase en un mundo distinto. Los primeros compases de la segunda parte transcurrieron con dominio del Huesca y cuando los oscenses tuvieron la primera ocasión de peligro surgió un murmullo, ese murmullo era el diálogo entre los espectadores del encuentro, que se recordaban entre ellos que esto ya lo habían vivido en los últimos meses, que desde ese mismo asiento habían presenciado como el Numancia remontaba un 2-0 llevándose los 3 puntos de Zorrilla, que habían visto como la Cultural lograba empatar un 2-0 tan sólo dos semanas antes (aunque por suerte ese partido finalmente se lo llevaron los pucelanos), y también que estuvieron presentes cuando el Zaragoza estuvo a punto de remontar un partido que el Valladolid ganaba 3-0 a la media hora. Pero todo esto iba más allá, porque fuera de casa las cosas no eran distintas, y es que reciente está la derrota 4-2 en Pamplona tras ir ganando 1-2 al descanso, o el triste empate en León de principio de temporada cuando el Valladolid ganaba 2-4 a falta de tan sólo 15 minutos.

Algunos nos manteníamos optimistas después de haber vivido esos episodios, pero cuando en el minuto 61 un manso disparo de Luso Delgado se estrellaba en Calero, desviando la trayectoria e introduciendo el balón en la portería no hubo persona que no tuviera un “deja vu” con todas esas imágenes del Numancia, Osasuna o Cultural. La tensión en el estadio era enorme, y el Huesca seguía teniendo el balón, hasta que llegó lo inevitable. Un error de Kiko Olivas provocó un penalti absurdo que Gonzalo Melero transformaría con calidad y que supondría el empate. Esa ventaja de dos goles se había reducido a cenizas en 15 minutos a pesar de tener un jugador más, otra vez había ocurrido, y otra vez la gente volvía a mostrar el descontento con un equipo incapaz de cerrar los partidos.

Ahora bien, muy importante recordar lo mencionado anteriormente, este equipo es capaz de lo peor pero también de lo mejor, y es por eso que algunos en aquel momento, no dejamos de creer a pesar del empate, y que algunos confiásemos en que al igual que pasase contra la Cultural este equipo lograse una victoria agónica. Y así fue, el Valladolid tiró de casta en los últimos minutos y el cuarto de hora final fue un asedio en el que gracias al protagonismo del auténtico héroe de este equipo en lo que va de temporada, Jaime Mata, se volviese a lograr una victoria de infarto. El jugador madrileño dio una asistencia maravillosa para que Óscar Plano enganchase una volea imposible de detener y el Valladolid pudiera llevarse los 3 puntos para casa ante el líder.

Celebración de uno de los goles del encuentro ante el Huesca

Esos 3 puntos dejaban a los vallisoletanos en una posición privilegiada gracias a haber logrado 5 victorias en los 8 últimos encuentros que dan lugar al optimismo y la fe en este equipo, pero algo es evidente, los vallisoletanos tienen un problema a la hora de cerrar los partidos y eso no puede seguir así si se quiere ascender.

Imagénes: nortedecastilla.es , realvalladolid.es

 

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