Un Mestalla lleno es sinónimo de victoria

Quien ha estado en Mestalla, sabe que su afición empuja mucho y bien cuando su equipo le da motivos para ello

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A Meriton Holdings:

De todos es conocida la misión de cualquier holding empresarial, generar ingresos y minimizar riesgos y pérdidas. Como propietaria de un club de la envergadura y repercusión del Valencia CF ha de tener en cuenta muchos factores que se escapan del ámbito empresarial, factores que si tiene que ver con lo que pasa en Mestalla cada 14 días.

Ilusión:

Generación tras generación, la afición valencianista se ha transmitido de padres a hijos y de estos a sus hijos y así sucesivamente. Una ilusión que se renueva temporada tras temporada, que olvida fracasos con prontitud y que se reproduce casi por generación espontánea. Si es cierto que la fe mueve montañas, no lo es menos que la ilusión llena los corazones. Ilusión por tener a los mejores, por sentirse partícipes y orgullosos de su equipo, por alzar títulos y copas, por llevar el escudo en el pecho.

Orgullo:

Llevar la cabeza bien alta ante quienes no profesan la veneración por nuestros colores, es motivo suficiente para que se nos tenga en cuenta. Derramar lágrimas de felicidad en los triunfos y de tristeza en las derrotas es un síntoma de que lo llevamos bien dentro de nosotros, de que nuestra fidelidad es inquebrantable y nuestro apoyo imprescindible.

Lealtad:

Una grada como la de Mestalla es fiel a su equipo, a sus colores, pero tremendamente crítica con quienes no gestionan la entidad con respeto a su historia, a su identidad y a sus valores. Una historia forjada a lo largo de su ya casi centenaria existencia, una identidad profundamente intrincada a su entorno más cercano y unos valores de humildad, trabajo colectivo y capacidad para renacer eternamente.

Fidelidad:

Desde que nació, allá por el 1919, este sentimiento se ha inoculado en nuestras venas de manera que Mestalla se ha convertido en un punto de reunión familiar, de encuentro intergeneracional, en  nuestra segunda casa y ha sido testigo impertérrito de nuestros cambios vitales. Llegamos a él cuando éramos unos niños y seguimos yendo aún cuando el blanco supera al negro entre nuestros escasos cabellos.

Amor:

Como en cualquier relación de pareja, todo  lo que afecta a uno, afecta al otro. Si el Valencia pierde, la pareja sufre.Si, por el contrario, gana sus partidos, nos falta tiempo para el abrazo, el beso y las carantoñas. Si hace una mala inversión, sentimos su ruina como propia y si sus finanzas son buenas, no reparamos en gastos.

Foto destacada vía: agdeportes.com

@VicentSarrión

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