El fútbol femenino, de efímero a permanente

Es el paso que ha de dar el fútbol femenino para crecer definitivamente y buscar el profesionalismo.

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El verano es un tiempo donde el fútbol masculino profesional pierde algo de su habitual protagonismo con sus periodos vacacionales, sus pretemporadas, sus partidos amistosos y demás eventos que sirven para entretener a la ingente masa futbolera y vacacional, ociosos y ávidos de informaciones intrascendentes.

Durante ese tiempo, otras disciplinas, otros equipos y otros protagonistas copan las portadas reservadas para esos dioses del balompié patrio. Los mass media desprenden generosidad y se vuelven adalides de la integración, de la igualdad y del no todo es fútbol. Aparecen entonces las Carolina Marín, las redsticks, las selecciones femeninas, Bruno Hortelano o María Vicente. ¿Protagonismo compartido o casualidad temporal? ¿Ánimo de equiparar o de disimular sus verdaderos intereses editoriales?

El fútbol, hasta en su más zafia y nimia actualidad, es siempre noticia y se retroalimenta en sus polémicas inútiles y poco constructivas, en sus debates cada vez más burdos y de menos nivel, con la bufanda enganchada al cuello y el análisis guardado en el último cajón del escritorio. Todo esto desaparece, se oculta, queda en un segundo plano muy relativo y cede su permanente papel de prima donna para que otros lo disfruten de una manera mucho más efímera, pasajera.

El hermano mayor se muestra condescendiente con el resto de la prole, como quien se siente poseedor de argumentos y razones suficientes para ocupar el trono familiar única y exclusivamente por el hecho de ser quien es y de haber llegado a este mundo antes que los demás. No necesita meritar nada, ni demostrar sus virtudes y capacidades. Quien quiera destronarlo tendrá que luchar denodadamente por lucir más bonito, más rentable, con más audiencia, más seguidores en redes sociales, etc…

Nadie ni nada osa toserle al rey fútbol (masculino). Este rey no se ve ni de la misma familia que el príncipe fútbol (femenino) y tan solo cuando migra a su residencia estival deja en sus manos la corona familiar, eso sí, con el reconocimiento implícito, explícito y manifiesto de que su lugar es intocable, inalcanzable y eterno.

Llegará la Liga, llegarán los reyes del noticiario y de todos estos efímeros personajes de la canícula vacacional nadie sabrá nada, como si el tiempo no hubiese pasado, como si sus méritos fuesen menores por llegar a destiempo, por tener aspiraciones impropias de su condición y jerarquía.

Recuerden, por poner un ejemplo, el nombre de Patri Guijarro, y en 12 meses hablamos.

@VicentSarrion

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