S.D. Huesca 2018: un equipo de Primera División

El año 2018 será grabado en las memorias azulgranas como el período en el que la S.D. Huesca alcanzó por vez primera el ascenso a la máxima categoría del fútbol español.

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2018 es y será el año por excelencia para la S.D. Huesca. El conjunto altoaragonés llega al final del calendario posicionado como colista de La Liga Santander. Pese al lugar ocupado actualmente en la tabla clasificatoria, no hay mal que empañe el histórico logro de la casa azulgrana. Por primera vez en su historia futbolística la ciudad de Huesca vivió en persona el ascenso de categoría a la liga de las estrellas. Un club humilde, hasta hace poco inadvertido, que poco a poco ha sido capaz de escalar peldaños para hacerse un hueco entre los grandes.

Un comienzo ilusionante

En enero la escuadra oscense se situaba al frente de la clasificación de La Liga 1|2|3. La parroquia azulgrana comenzaba un nuevo curso con la moral y la ilusión por los aires. Un inesperado y gran arranque liguero junto a un juego vistoso y alegre impartido por sus jugadores hacían larga la espera para disfrutar de una nueva contienda cada domingo. La ciudad de Huesca respiraba ambiente futbolístico en una campaña que comenzaba a ser histórica para el club, por primera vez líder de la Segunda División.

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Semana tras semana los aragoneses batían a sus rivales agrandando la diferencia respecto a sus perseguidores. 16 puntos obtenidos en los primeros 6 enfrentamientos llevaban a los de Rubi a abrir una brecha de nada menos que 8 puntos respecto a su perseguidor más cercano. A la larga sería una ventaja clave en el devenir azulgrana  de cara a conseguir un objetivo soñado. Llegados a mediados de febrero y en lo más alto de la tabla clasificatoria, con 55 puntos en el casillero, la S.D. Huesca lograba la primera de sus metas, la salvación de la categoría.

El bajón de la temporada

Como sucede en cada nuevo curso, todo conjunto sufre un determinado período de crisis y menor rendimiento que conlleva a encadenar resultados negativos. En el caso de los altoaragoneses dicho bajón empezaba con la visita a dos de los campos rivales más fuertes en el campeonato. Inicialmente en Valladolid y seguidamente en Vallecas, daba comienzo una racha de ocho jornadas ligueras consecutivas sin conocer la victoria. La buena dinámica del club se veía frenada, apareciendo los fantasmas. 4 puntos sumados de 24 posibles echaban a perder toda la ventaja ganada.

Al término de la jornada 34 la S.D. Huesca caía a la tercera plaza, y veía como era superada al frente de la clasificación por el Sporting de Gijón y el Rayo Vallecano. De hecho el primero de éstos rompía el maleficio en El Alcoraz, siendo el primero en batir a los oscenses en su campo donde aún no habían caído derrotados en más de un año. Ya solo restaban ocho encuentros más para finalizar el campeonato y todavía seguía todo por decidir. La mala suerte de cara al gol, y las lesiones y sanciones que mermaron a una plantilla fatigada, fueron la causa del decaimiento.

Un último arreón

Hasta mediados de abril no llegaría de nuevo un triunfo oxigenante y fortalecedor para los del Alto Aragón. El resurgir de un equipo previsiblemente tocado que cosechaba cuatro victorias y un empate consecutivos para devolver la ilusión y esperanza a una ciudad que vibraba cada vez más con los suyos. Los aragoneses aprovechaban los pinchazos de sus rivales y se escapaban en las primeras posiciones con los vallecanos, a punto de obtener el billete a Primera.

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El olfato goleador volvía a aparecer en los azulgranas, que anotaban 13 tantos en 5 encuentros para devolver al equipo a la segunda posición, entrando así de nuevo en ascenso directo. Se llegaba así a la recta final del campeonato, con una ventaja de 4 puntos sobre el tercer clasificado, el Sporting de Gijón, y con tan solo 9 puntos por delante para disputarse. La hinchada oscense veía cada vez más cerca la posibilidad de hacer un sueño realidad.

Lugo, un ascenso histórico:

La cuadragésima jornada arrancaba de la mejor manera posible para los intereses del club altoaragonés. El sábado el filial blaugrana vencía al conjunto asturiano, poniendo a tiro de una victoria el ascenso de categoría para la S.D. Huesca, que precisamente disputaba su partido en lunes, cerrando con el último partido del fin de semana frente al C.D. Lugo, y con la oportunidad de llevar a cabo una gesta histórica. La entidad azulgrana ya organizó con antelación un desplazamiento cómodo para sus jugadores y una parte de aficionados interesados en acompañar y alentar a los suyos. Un vuelo chárter desde el aeropuerto Huesca-Pirineos con destino La Coruña, y ya de ahí viaje en autobús hasta la ciudad lucense.

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El tropiezo rojiblanco del sábado no hizo más que incrementar la demanda de la hinchada oscense por añadirse al trayecto preparado, por lo que la S.D. Huesca fletó un nuevo vuelo solo integrado por seguidores locales. Una expedición multitudinaria que en muy poco tiempo llenó todas las plazas disponibles para vivir en primera persona el que podía ser un hito en el fútbol de la ciudad. Pese a ser día laborable y un destino lejano, la respuesta de los incondicionales no pudo ser inmejorable gracias a la comodidad del desplazamiento unido a la posible machada que toda la ciudad quería presenciar.

21 de mayo de 2018, el C.D. Lugo recibía la visita de la S.D. Huesca. Con el apoyo en la grada de varios centenares de simpatizantes y toda una ciudad pendiente de la televisión, los futbolistas afrontaban la cita más importante de la temporada. No se hizo esperar el primer momento de júbilo. Álex Gallar, fichaje más caro del club hasta la fecha, adelantaba a su equipo en el marcador con tan solo 6 minutos de juego disputado. Algo después, ya en el minuto 38, Jorge Pulido ponía la guinda al pastel marcando el segundo gol a favor de los visitantes. Momento ensordecedor de pasión, alegría y emoción se respiraba en Huesca y su afición. Un sueño casi inimaginable en la historia de la entidad que comenzaba a cobrar realidad.

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Con el resultado más que a favor, la segunda mitad fue un mero trámite de disfrute para todos los seguidores que se relamían de ganas de oír el sonido del pitido final. Una vez que el colegiado hizo sonar su silbato por última vez, la fiesta estalló en los corazones azulgranas. La población oscense salió a la calle a festejar el ansiado ascenso de categoría, mientras que los presentes privilegiados en el Anxo Carro celebraban la hombrada lograda por su equipo. Fecha que quedaría ya grabada para siempre en las memorias y anales de la S.D. Huesca. Primera vez en toda su historia desde su fundación que se convertía matemáticamente en nuevo integrante de la máxima división del fútbol español.

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Una temporada de récords:

La resaca por la celebración del salto de categoría hizo mella en una plantilla relajada por los objetivos obtenidos. Un curso donde la S.D. Huesca batió todas sus expectativas, ofreciendo la mejor versión de cada uno de sus integrantes. Finalmente la escuadra aragonesa concluyó la competición como segundo clasificado, con 75 puntos, a tan solo uno de diferencia del campeón Rayo Vallecano. Joan Francesc Ferrer “Rubi” y sus muchachos lograron sumar 21 victorias, 12 empates y 9 derrotas en las 42 jornadas disputadas. Invicto en su estadio, El Alcoraz, durante poco más de un año contando la anterior campaña, los oscenses se hacían fuertes para puntuar semana tras semana.

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Cuarto equipo máximo goleador, con 61 tantos a favor, tercero en remates ejecutados a portería, y segundo en asistencias realizadas. Con una dupla letal de cara al gol, Gonzalo MeleroCucho Hernández, los cuales consiguieron las mejores cifras anotadoras en Huesca, superando todos los registros con 16 dianas cada uno. Un bloque formado por un guardameta seguro bajo palos, Álex Remiro, una defensa férrea, AkapoJair – Pulido – Brezancic, un centro del campo con dominio del esférico, Aguilera – Melero- MoiFerreiro – Gallar, y unos atacantes con olfato de gol, Chimy Ávila – Cucho Hernández.

Los buenos números y estadísticas fueron solo el reflejo merecido de una exitosa temporada. Además como colofón a la gesta conseguida la S.D. Huesca fue elegida como quien lanzaría el cohete anunciador de las fiestas patronales de la ciudad, San Lorenzo. Su presidente, Agustín Lasaosa, junto al capitán del primer equipo, Juanjo Camacho, del conjunto Genuine, Marcos Rufat, y de la plantilla femenina, Belén Cavero, fueron los encargados de hacer los honores ante la atenta mirada de una ciudad de Primera.

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Preparando un equipo de Primera:

La labor en las oficinas azulgranas se incrementó ante la nueva etapa que se esperaba iniciar como integrante de la Liga Santander. Muchos y nuevos cambios tanto en los despachos, como en el área deportiva, las instalaciones etc. Se comenzaron las obras de ampliación del estadio, aumentando en algo más de 2.000 asientos el aforo, llevando a cabo cambios también en las vallas publicitarias y los focos de iluminación. Igualmente se procedió a reformar los accesos al campo con el objetivo de cumplir los requisitos formulados por la Liga, así como mejorar la cara de un recinto a la altura de la competición.

En cuanto a la plantilla y cuerpo técnico la primera y esperada salida fue la de uno de sus principales artífices, el entrenador Rubi, que volvió a casa para dirigir al conjunto perico. En sustitución el club apostó por un hombre de la casa, pero debutante en los banquillos, Leo Franco. En cuanto a los jugadores era bien sabido que iba a ver muchos movimientos de cara a la exigencia del nuevo curso. Dejaron de formar parte de las filas altoaragonesas futbolistas como Remiro, Jair, Nagore, Vadillo, Alexander, Kilian, Rescaldani, Luso, Íñigo López, Rulo, Carlos David y Bardají. En cambio llegaron los nuevos refuerzos: Luisinho, Miramón, Longo, Werner, Musto, Semedo, Insua, Etxeita, Gurler, Jovanovic, Escriche, Eugeni, y se volvió a solicitar las cesiones de Chimy Ávila y Cucho Hernández después del gran rendimiento aportado en su anterior participación.

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Con todo a punto la plantilla llevó a cabo una preparación exhaustiva como cada año, retirándose al aire libre del Pirineo durante 11 días, en concreto a Benasque, y continuando las directrices de otros veranos. Se organizó un calendario de pretemporada con enfrentamientos contra rivales de distintas categorías del fútbol español, para así estudiar y probar múltiples posibilidades de cara a encontrar un once tipo e ideal para las pretensiones del técnico argentino.

Un inicio de Primera:

El 19 de agosto de 2018 quedará grabada como otra fecha para el recuerdo azulgrana. Un debut soñado en la máxima división con un desenlace inmejorable. La S.D. Huesca visitaba Ipurúa en su estreno liguero, con un Álex Gallar bigoleador que daba el primer triunfo en la historia en la Liga Santander. La escuadra oscense vencía por 1-2 a la S.D. Eibar sumando sus primeros 3 puntos en el casillero. El comienzo deseado se hacía realidad avisando de la peligrosidad de un rival humilde y desconocido, pero con mucho que decir en este campeonato.

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La siguiente visita sería a uno de los estadios con más cachet de la liga, la Catedral del fútbol, San Mamés. En esta ocasión los de la cruz de San Jorge llegaban al último tercio de partido con dos tantos en desventaja. Casi sin tiempo de reacción se obró el milagro y un buen gol de Miramón, seguido de una volea espectacular de Chimy Ávila, ponía finalmente las tablas en el marcador. A la semana siguiente el viaje llevaría por destino el intratable Camp Nou. Una hazaña lejos de conseguir, pero que curiosamente empezaba favorable a los altoaragoneses. Minuto 3 y Cucho Hernández adelantaba a los suyos ante el delirio de sus incondicionales. Poco duraría la alegría porque en la segunda mitad el grupo se vio desbordado y concluyó la contienda con la derrota por 8-2.

La realidad de Primera:

A partir de la cita en Barcelona se iniciaron los problemas en la casa del pobre. Llegó el estreno en El Alcoraz ante su afición pero no se disfrutó del balompié deseado y los errores colectivos conllevaron a caer frente a rivales supuestamente directos y comenzar a bajar de puestos en la clasificación hasta llegar al farolillo rojo. Aunque el nivel no difería de sus contrincantes, excepto contra el Atlético de Madrid, los puntos se alejaban de tierras oscenses dando nacimiento a una situación complicada tanto futbolística como anímicamente.

Los dirigentes de la S.D. Huesca decidieron entonces intentar cambiar el rumbo de sus jugadores, y para ello contrataron como nuevo entrenador a Francisco. El almeriense llegó con aires renovados y muchas ganas de trabajo, pero las cosas no cambiaron lo suficiente. Si bien es verdad que el juego general se modificó radicalmente para bien, los desenlaces finales se mantenían inamovibles. Errores puntuales de futbolistas a nivel individual, decisiones arbitrales dudosas, la falta de puntería y acierto de cara al gol, y todo ello unido a la mala suerte del equipo, propiciaba que cada jornada se contara como una nueva derrota o un simple resultado igualado que olía más a una victoria.

Actualmente la S.D. Huesca ocupa el último puesto en la tabla clasificatoria de la Liga Santander con tan solo 8 puntos a favor. Un único triunfo y cinco empates que, visto el esfuerzo y la lucha por parte del grupo, merecían tener una mayor recompensa a estas alturas de la competición. Esta es la realidad de una categoría donde los fallos no se perdonan y donde las oportunidades no se pueden dejar escapar. La veteranía y madurez es un grado que los aragoneses aún deberán obtener. Pero mientras haya posibilidad de soñar, este club no parará de rendirse fiel a su lema: fieles siempre sin reblar.

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