Un Milan sin brillo y sin Higuaín gana en Génova

Los ‘Rossoneri’ llegan al cuarto puesto de la mano de su arquero y siguen soñando con la Champions League sin necesidad de contar con el atacante argentino, que se encuentra a un paso del Chelsea

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Una de las características más particulares del fútbol, y que escasea en muchos deportes, es que en algunas ocasiones el mejor no logra vencer. El Genoa de Cesare Prandelli hoy hizo un primer tiempo con un gran fútbol que no pudo enmarcarlo porque enfrente tenía al mejor portero de la Serie A. Gianluigi Donnarumma volvió a dar una enorme actuación para que el Milan siga aspirando a la mayor competición de clubes del mundo y dio un golpe en la mesa para ser considerado un titular indiscutible en la Nazionale. Dos buenos contragolpes en la segunda mitad complementaron la enorme actuación del arquero del Milan para que los de Gattuso regresen a casa con tres puntos de oro.

Un Milan huérfano de Higuaín, que ha tenido una temporada tormentosa y llena de vaivenes, sigue manteniendo el barco a flote gracias a Donnarumma y a las esporádicas chispas que salen de los botines de sus delanteros y extremos que hoy le regalaron la victoria. Los rossoneri visitaban al Genoa con un rosario de ausencias: Bonaventura, Biglia y Caldara por sendas lesiones y las de Romagnoli, Calabria y Kessié por sanciones disciplinarias; a estas se unió la de Cristián Zapata, que poco antes del cuarto de hora del inicio del encuentro se lesionó, dejando a Gattuso con la disyuntiva de dejar una defensa de tres o improvisar con Abate como defensa central. El técnico calabrese al final se decidió por mantener la línea de cuatro, lo que el Genoa aprovechó para espantar a la improvisada zaga de los  Rossoneri.

El Genoa supo neutralizar a la línea media del Milan gracias a una línea de cuatro que sofocaba las salidas de los de Gattuso y que neutralizaba los intentos del medio campo milanista de nutrir a sus atacantes. El equipo Rossoblù supo aprovechar y generó un enorme peligro a una confundida zaga rossonera, que no sabía qué hacer con y sin balón. Cuando el reloj señalaba que ya había pasado la media hora de juego una estadística resaltaba: Andrei Radu, arquero del Genoa, había tocado más veces el balón que Borini y Cutrone, totalmente aislados por la abrumadora presión que generaba el mediocampo genovés y la falta de un mediocentro creativo por parte del Milan.

Pandev, Kouamé, Lazovic y Bessa tuvieron unos excelentes 20 minutos donde hicieron sentir verdadero vértigo a los jugadores del Milan, pero sin encontrar las redes. Quizás lo habrían hecho si Piatek, su delantero estrella, no hubiera estado ausente, dirigiéndose a Milán para firmar por los Rossoneri mientras sus compañeros luchaban por ganarles. El delantero polaco, al que se le pone como sucesor de Lewandowski, lleva 13 goles en Serie A y se espera que le dé al Milan aquel elemento extra que no pudo aportarles Higuaín, quien tuvo un semestre terrible y no pudo cargarse el equipo al hombro. Un poste de Paquetá, el recién llegado mediocentro brasileño, fue lo único que hizo el Milan en una de las primeras partes más obscuras que se le recuerden en la presente temporada. Genoa no supo clavar el cuchillo y lo terminó pagando muy caro.

Fiel a su filosofía ofensiva Prandelli creyó que la fórmula de la primera mitad le serviría para acabar encaminando el partido a su favor. No fue así. El esforzado mediocampo genovés ya no traía el mismo fondo físico y permitió que Bakayoko y Paquetá por fin pudieran hacerles ver el balón a sus atacantes, que estuvieron certeros cuando la oportunidad se les presentó. Conti, el gran lateral derecho que el Milan le compró al Atalanta hace casi ya dos veranos, había sido perseguido por las lesiones y hoy pudo dar una actuación digna de recordarse cuando logró descolgarse por primera vez en el partido y asistir a Borini, quien le pegó bastante mal a la pelota, pero logró anotar porque el esférico pasó debajo del sorprendido Radu.

Un trallazo de Veloso, cuando comenzaba el atardecer del partido, por poco emparejaba los cartones. Fue Donnaruma quien pudo arañar el balón y mandarlo a su travesaño para sofocar el grito de gol de los pocos aficionados que se presentaron al Luigi Ferraris, que lucía numerosos asientos vacíos debido a la protesta que organizaron varios aficionados del Genoa por el cambio de horario del partido, que originalmente se jugaría a las 9 de la noche de Italia. Los rossoblù se avocaron hacía la portería de Donnarumma y un Milan replegado pudo poner el segundo y definitivo clavo en el ataúd del Genoa cuando un providencial pase de Cutrone dejó a Suso en los linderos del área de Radu, quien definió como acostumbra: con un disparo fuerte y raso que pego en el palo y luego terminó en las redes. Mucho premio para un Milan sin ideas, que no sabe qué hacer con el balón y que sólo juega a que los errores del rival le despejen la mente y le abran el cielo de los puestos de Champions. Una pobre fórmula que, por ahora, le ha funcionado.

@Ricardoguajiro

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