La realidad del fútbol femenino es la que es: deficitaria pero alentadora

La cuarta oleada feminista, que busca una igualdad de facto, ha coincidido con un importante auge del fútbol femenino

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La cuarta oleada feminista, que busca una igualdad de facto, ha coincidido con un importante auge del fútbol femenino. La simultaneidad de ambos movimientos no es una casualidad. El fútbol, fenómeno de masas, es uno de los espacios más machistas.

Hace unos meses, el seleccionador mexicano Juan Carlos Osorio declaraba en una conferencia de prensa: “esto es un juego de virilidad, de hombres”. Hace unas semanas, los medios deportivos se hicieron eco de una noticia en la que jugadoras de la selección colombiana sub17 denunciaron un acoso sexual y laboral hacia el seleccionador, Didier Luna y al preparador físico, Sigifredo Alonso.

A lo largo de la historia, el deporte femenino tuvo que superar obstáculos, barreras…; enfrentarse a la censura y a la prohibición. En el fútbol esta situación se alarga un poco más. Es increíble pensar cómo a muchas mujeres se les prohibió practicar un deporte y, por tanto, ganarse la vida haciéndolo.

La discriminación de género no solo ocurre en equipos de talante internacional. Aquí en España también se dan casos de machismo en el deporte. Especialmente en el fútbol femenino, por ser un deporte controlado por y para hombres. Estos casos se ven en todos los ámbitos del deporte rey en España: desde árbitros, pasando por los banquillos e, incluso, en las propias direcciones de los equipos de fútbol.

Situación económica

Actualmente en España hay 16 equipos que pertenecen a la Primera División Femenina. De estos, la mayoría están financiados y dependen de su equivalente en masculino. Algunos ejemplos son: el FC Barcelona, el Atlético de Madrid, el Athletic Club, el RCD Espanyol, el Valencia, la Real Sociedad, el Betis…

La situación de dependencia afecta, sobre todo, al nivel económico del club. Esta se refleja en el contrato de las jugadoras. Actualmente muchas son mileuristas. Tan solo las que pertenecen a grandes clubes, como el Barça o el Atlético pueden vivir exclusivamente del fútbol. Según un estudio del sindicato de futbolistas, tan solo el 1% cobran más de 6000 € al mes y el 60% no llegan a los 1000€ mensuales; frente a los 155.000€ anuales que cobran los jugadores peor pagados de la liga de fútbol masculina (casi 13.000€ al mes).

Los sindicatos piden la aprobación del Convenio Colectivo. Buscan que se instale el salario mínimo de futbolistas femeninas a 20.000€ anuales. Es decir, sobre 1.600€ mensuales. Las diferencias hablan por sí solas.

La situación económica se ve empeorada cuando la liga femenina no cuenta con derechos televisivos ni los partidos salen en las quinielas de fútbol, es decir, uno de los principales ingresos que recibe el deporte rey en España.

Los derechos audiovisuales siguen en disputa entre la Asociación de Clubes de Fútbol Femenino y la Federación de Fútbol. Ambas asociaciones están en conflicto por recibir el dinero de las televisiones que emitan los partidos de fútbol femenino. Esta situación tan solo provoca que, a día de hoy, aún no se cobran. Esto se debe a que la Federación pactó con Mediapro emitir gratis los partidos de la Liga Iberdrola a cambio de visibilidad.

Derecho al embarazo

Si se tiene en cuenta la legislación vigente, el Consejo Superior de Deportes aún no ha aprobado una ley que ampare el derecho al embarazo de las jugadoras. Siguen en vigor diferentes cláusulas de embarazo. Se tratan de contratos enmascaradas que silencian la situación de gestación de la futbolista figurando que sufren lesiones o simplemente no renuevan a la jugadora.

En España, ser madre y futbolista es algo casi inviable. Una de las pocas entrenadoras de la máxima categoría femenina, María Pry, del Betis, reconoció en una entrevista de El Confidencial que “la primera jugadora que sea madre y vuelva a jugar romperá una barrera”. Esta situación no se repite en el resto de Europa. Hace poco el Ajax renovó a una jugadora estando embarazada, lo que solo refleja el retraso y la desigualdad que vive el deporte femenino en España.

Arbitraje

Otro muro que tienen que superar las partícipes del fútbol femenino es el arbitraje. Actualmente, ninguna colegiada ha arbitrado un partido en la Primera División de Fútbol Masculina. A diferencia de la división femenina en la que sí participan hombres. Además de la poca visibilidad en las máximas categorías, cuando hacen su trabajo tienen que sufrir constantes críticas e insultos machistas desde las gradas.

A finales del año pasado, por primera vez un trío femenino arbitraba la Tercera División Masculina. El resultado fueron gritos como “vete a fregar” o “haber quien se la cepilla del equipo”; es decir, equiparar a la mujer como un mero objeto que solo sirve para complacer al hombre. Hay más ejemplos, Eva Alcaide se hizo famosa en Twitter por un hilo en el que denunciaba cómo se había sentido acosada tras escuchar comentarios sexuales como “como te duches en el vestuario espero que no se te caiga el champú porque te voy a aparecer por detrás”.

Paulatinamente la situación va mejorando. Hace poco se ha cambiado el nombre del Estadio del Compostela para llamarlo Estadio Vero Boquete, convirtiéndolo en el primer campo de fútbol que tiene el nombre de mujer. Estos son pequeños cambios que hacen mejorar la situación.

Otro ejemplo es la apertura de los estadios masculinos para partidos de la liga femenina. 20.189 aficionados en el Ciutat de Valencia esta temporada para ver el encuentro entre el Levante Femenino y el Valencia. 21.234 espectadores en Anoeta para presenciar el derbi vasco entre la Real Sociedad y el Athletic Club. 60.739 personas asistieron al Wanda Metropolitano para disfrutar del clásico de la Liga Iberdrola entre el Atlético de Madrid y el FC Barcelona.

Mientras tanto, la realidad del fútbol femenino es la que es: deficitaria pero alentadora. La consigna es caminar con ambición, pero sin olvidar el sentido común. Dar pequeños pasos que, aun siendo fieles a la realidad, reflejan que el fútbol, y el deporte en general, está girando hacia el feminismo. Es decir, hacia la igualdad.

@angelaa_fs

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