Tocar fondo para resurgir

El Celta no ha empezado la liga de la mejor forma posible, pero a veces hay que bajar al suelo para coger impulso y llegar más arriba aún.

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Ilusión. Pocas palabras definirían mejor lo que sintieron los aficionados celestes al inicio de la pretemporada. Las vueltas a casa están de moda y como ya hiciera Iago Aspas hace 4 años, Santi Mina y Denis Suárez regresaron al club que les vio nacer.

Por si fuera poco, a estas dos grandes incorporaciones se les unió “in extremis” un Rafinha sin hueco en el Barça pero con muchas ganas de dejarse la piel por un escudo que ya defendió en la 2013-14.

Todo los engranajes parecían estar preparados para arrancar la maquinaria que, dirigida por Fran Escribá, tenía licencia para soñar a lo grande: Europa era el objetivo.

Por desgracia, el primer obstáculo no tardo mucho en presentarse, y no era otro que el calendario, uno que no dejaba lugar para el calentamiento, uno que exigía buen fútbol desde el minuto 1 de cada partido debido al calibre de los rivales.

La visita del Real Madrid a Balaídos en la primera jornada no permitió empezar la competición de la manera soñada, cayendo por 1 a 3. Desde entonces comenzaría la montaña rusa del equipo, que tan pronto ganaba a todo un Valencia en casa o empata fuera contra Sevilla y Atlético de Madrid como se dejaba puntos contra rivales a priori inferiores (vease el empate contra el Espanyol o las derrotas contra el Granada y el Eibar).

Finalizó la sexta jornada con 6 puntos y a una posición del descenso. El Celta había tocado fondo y tan solo le quedaban dos opciones, terminar de ahogarse o salir a flote. Ante este panorama no existía duda alguna, remar y revertir la mala dinámica era la única opción.

Así llegaron a la octava jornada, la última antes del parón de selecciones al que pretendían irse con una victoria que les permitiese levantar la cabeza. Enfrente todo un Athletic Club que no iba a ponerlo nada fácil y a quienes no pudieron doblegar hasta el minuto 75 cuando un cabezazo de Aspas decantó la balanza del partido a su favor.

El Celta había tocado fondo y solo el trabajo, el compromiso y la unidad de los jugadores podían darle un giro de 180º grados a la situación. La victoria de esta última jornada ha sido concebida en Balaídos como el inicio de algo muy grande, el inicio de un ascenso meteórico que lleve al equipo a lo más alto de la tabla para lograr ese tan anhelado objetivo que pese a todo sigue intacto: Europa.

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