Alcácer hace soñar con Europa
El Villarreal vence por 3 a 1 a un Osasuna que supo controlar el partido hasta el final de la primera parte. Al empate de Aridane, el Villarreal reaccionó con dos goles casi consecutivos que los acerca a Europa.
Era el día Alcácer. El día 1 en la era Alcácer, el primer día en el que el valenciano se enfundaba su nueva elástica amarilla. Llámenlo como quieran, pero si hoy ha habido un protagonista, ése ha sido Alcácer. No ha sido su mejor partido, pero sí su debut soñado. Protagonista en dos de los tres goles amarillos y siendo la referencia de un ataque que apunta a Europa.
1-0 en el último suspiro
A pesar de las expectativas que este Villarreal había levantado en la previa del partido y del favoritismo con el que empezaba, Jagoba Arrasate estaba consiguiendo amargar el debut del valenciano. En una primera mitad un tanto espesa de ambos equipos, eran los navarros los que tenían las ideas más despejadas. Sabían a qué y cómo jugar en todo momento, y asfixiaban el centro del campo amarillo con una eficacia elogiable.
De tal trabajo, los frutos que recogían no eran recuperaciones en campo contrario, sinó más bien eran recompensas que su portero agradecía, pues el Villarreal solo dispuso de una ocasión en el primer tiempo. Solo una, de Alcácer. Pero, lamentablemente para Arrasate, el delantero la enchufó. Era la última jugada, el último suspiro de una primera parte que el Osasuna llegó a encauzar hacia su terreno y controlar. Pero Alcácer, en el mano a mano, no perdonó.
Acción-reacción
El varapalo con el que el Osasuna terminó la primera parte era muy duro. Un castigo quizás inmerecido para los méritos de cada uno. Y en este contexto, la segunda mitad empezó de forma totalmente opuesta. Al gol tardío groguet, Aridane respondía con un cabezazo tempranero que igualaba la contienda. Estrategia marca de la casa Arrasate, seño de identidad navarro.
La espesez del partido era dificil de contrarestar. Poca fluidez y escasas ocasiones. Debía decidirse por detalles, por mínimos que fuesen. Osasuna había construido un bloque defensivo que solo era superado en contadas ocasiones. Descifrar el camino de la victoria se le fue encomendado a Cazorla, que supo ver la subida por banda de Peña que, tras sentar a su perseguidor, adelanto de nuevo al Villarreal. A la acción rojilla, reacción amarilla.
En las dos únicas ocasiones claras que el Villarreal había tenido, el gol subía al marcador. Fruto de la euforia, los locales dieron rienda suelta durante unos minutos a la imaginación y practicaron su mejor fútbol. De nuevo, y a los pocos minutos del 2-1, Alcácer propiciava un claro penalti por derribo que Cazorla transformó. En apenas diez minutos se habían visto tres goles que dejaban muy tocado al cuadro de Arrasate, que no dejó de intentarlo con ahínco, especialmente con la entrada del incipiente Arnáiz.
Con la ventaja de dos goles en el marcador, el partido murió con la misma espesez con la que se inició. Los tres puntos valían para ver al Villarreal, más cerca que nunca de Europa. La llegada de Alcácer ha levantado las aspriaciones del Villarreal, que apunta más alto que nunca.