Sostiene Torrecilla

El fútbol es más negocio que nunca y si no asientas unas bases firmes, ni logras concretar unos cimientos sólidos nunca vas a llegar con garantías al lugar donde se parte y reparte

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Sostiene Miguel Torrecilla que el de enero es el mercado de los enfadados, es traicionero y con poco tiempo para la toma de decisiones. Y si lo dice Miguel, punto en boca. No vayamos ahora a poner en tela de juicio milenta de años de dedicación del sabio de Salamanca a este negocio del fútbol del que sabe cómo pocos, aunque lo demuestre a cuentagotas. La esencia en frascos pequeños, que no es plan eso de ir sentando cátedra a la mínima que la ocasión la pongan a tiro.

Sólo su prepotencia es mayor que la incompetencia que el director deportivo rojiblanco ha mostrado a lo largo de las tres campañas que lleva con sus reales asentado en Mareo. Cero en autocrítica, cero en gestión, cero en resultados, cero en objetivos, cero en empatía, once en narcisismo. Así es Miguel o, al menos, esa es la imagen que desea vender de sí mismo a todo el que quiera pararse un rato a escucharle, cuando habla, que no lo hace siempre.

Dicho ello, oye, hay que reconocer que no toda la culpa de que la nave rojiblanca lleve casi tres décadas a la deriva no es suya, ¡ay, quien maneja mi barca!, ni de los entrenadores que ha ido eligiendo a lo largo de su andadura. Cuando Miguel Torrecilla llegó a Gijón la cosa ya estaba más que torcida, retorcida. Su misión era enderezarla y no ha podido, como tantos otros (con alguna excepción) antes que él. El resultado es un equipo a tres puntos del descenso y una afición que reza para que no verse dentro de los puestos de descenso en algún momento porque barrunta que, en el momento en el que se pise sótano, no se sale de ahí.

Es tan difícil escribir sobre el Real Sporting, un equipo entrado en bucle autodestructivo hace ya treinta años, como fácil criticar una gestión deportiva a posteriori, que es lo que hacemos todos: aficionados, periodistas y demás especies que transitan por este negocio. Pero las cosas son así. El 90% de la afición rojiblanca pensaba, a principio de temporada, que esta vez sí: que Torrecilla y su chándal habían dado con la tecla al fin, con un equipo dirigido por un entrenador de la casa y de consenso, con un guiño a Mareo y pocos fichajes foráneos que vendrían a mejorar lo que la casa no daba. Pero la vida de un director deportivo es muy jodida, sin mayor ascendencia sobre los éxitos de un equipo que el conseguir las piezas. A partir de ahí, su éxito va con las circunstancias y los imponderables. Y para Torrecilla y, por consiguiente, para el Sporting, lo incontrolable ha ganado por goleada.

En definitiva, otro año para el olvido. Los veteranos añorando un pasado que fue fugaz y que no volverá (y que está haciendo mucho daño al sportinguismo). Los nuevos y jóvenes aficionados, con las prisas y la inocencia de la juventud, pidiendo reverdecer viejos laureles, que no fueron tanto. El fútbol ya no es el deporte que conocimos. Ahora es más negocio que nunca y si no asientas unas bases firmes, ni logras concretar unos cimientos sólidos nunca vas a llegar con garantías al lugar donde se parte y reparte, donde la lluvia dorada de dinero te permitirá disputarle fichajes al Eibar, Leganés, Getafe y compañía. Todo ello dicho desde el más absoluto respeto y admiración a unas entidades que han sabido sobreponerse a las circunstancias y dar lecciones, desde su supuesta bisoñez y falta de historia y masa social, a equipos más longevos que aun piensan que con el nombre se va a alguna parte.

Gracias por todo, Miguel. Ahí está la puerta de salida.

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