Carlos Sainz, la esperanza del ferrarismo

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Carlos Sainz ha vuelto a brillar en un Gran Premio de Italia marcado por la prohibición del «party mode» en clasificación y el caos de la carrera provocado por la bandera roja y el Stop and Go que sufrió Lewis Hamilton. El piloto de McLaren demostró de nuevo su enorme capacidad para sacar provecho en situaciones de caos en pista, como ya hiciera en el Gran Premio de Brasil el año pasado, aunque en esta ocasión se trata de un podio que cae por su propio peso, por ritmo y constancia a lo largo del fin de semana.

El Gran Premio arrancaba el viernes con una gran expectación, puesto que la prohibición del «party mode» que tanta ventaja estaba dando a Mercedes en clasificación abría una ventana de oportunidad para los equipos de la zona media, y teóricamente acercaría a Red Bull al equipo de la estrella. Pero nada más lejos de la realidad, Mercedes demostró estar fuera del alcance y fue el equipo de la bebida energética el que más sufrió durante todo el fin de semana. En medio de este incierto panorama, Renault y, sobre todo, McLaren, dieron un paso de gigante y demostraron que el motor del rombo podía ser el gran favorecido. A lo largo del viernes el equipo de Woking, y especialmente Sainz, demostraron una gran fortaleza en las tandas largas, siendo superados solamente por los Mercedes. Esto se repetiría en la simulación de clasificación en la tercera sesión de libres, en la que Sainz marcaría el segundo mejor tiempo, seguido por su compañero Lando Norris, que sería tercero.

La clasificación demostró que el ritmo del equipo papaya no era un espejismo, con una sólida sexta posición de Lando Norris y una vuelta brillante de Sainz que le valdría para ser tercero y consolidarse como el mejor del resto. A pesar de ese gran resultado, Sainz demostró una enorme madurez rebajando la euforia existente en McLaren y asegurando que no se trataba de una posición real de cara al domingo, ya que, según él, el ritmo del McLaren no debería ser obstáculo para «Checo» Pérez y Max Verstappen, que partían justo por detrás del español.

A pesar de las tibias palabras de Sainz, su gran salida el domingo supuso un subidón de ilusión para McLaren al colocarse segundo, inmediatamente detrás de Hamilton, y ser capaz de abrir un importante hueco con el grupo perseguidor. Esta expectación se multiplicó cuando Lewis Hamilton fue penalizado con un Stop and Go por hacer su parada con el pit lane cerrado, lo cual colocaba al de McLaren como líder virtual, soñando con llevarse la primera victoria para el equipo inglés desde que Jenson Button se impusiera en el mítico Gran Premio de Brasil 2012.

La bandera roja que todo cambió

Pero todo saltó por los aires cuando un durísimo accidente de Charles Leclerc provocaba una bandera roja que igualaría las estrategias y relegaría a Sainz a la sexta posición. Fue en ese momento cuando Lance Stroll se convertiría en el gran favorito para optar a la victoria, aunque acabaría desfalleciendo. En las primeras vueltas tras la reanudación, Sainz demostró una gran fortaleza mental y fue capaz de recuperar la segunda posición adelantando rápidamente a Kimi Räikkönen y a un Stroll que no pudo aguantar la presión de verse en la pelea por la victoria y cometió dos errores en la pelea con el piloto español. Mientras tanto, Gasly se escapaba, llegando a abrir un hueco de ocho segundos que parecería insalvable para cualquier piloto, pero Carlos Sainz se puso el mono de trabajo y fue reduciendo progresivamente la ventaja del francés hasta llegar a pegarse a la caja de cambios del AlphaTauri.

A falta de dos vueltas, cuando Sainz se puso a menos de un segundo de Gasly, su ingeniero le calmó por la radio intentando asegurar el podio, a lo que el madrileño contestó demostrando su ambición con una frase que pasará a la historia de este insólito Gran Premio de Italia: «Yo quiero esta victoria, Tom». A pesar de esto, el tremendo ritmo de Sainz no fue suficiente para llevarse una victoria que, probablemente, merecía más que nadie, y se quedó con la miel en los labios al cruzar la bandera de cuadros a cuatro décimas de segundo del francés.

Carlos Sainz durante la carrera del GP de Italia. Foto: @McLarenF1

Pese a no conseguir una victoria que habría sido una de las mayores hazañas de la historia reciente de McLaren, el piloto madrileño sale fortalecido con una actuación magistral en casa de Ferrari, su próximo destino. Después de un arranque de temporada complicado debido a los problemas de McLaren en los pit stops y la falta de fiabilidad, Carlos Sainz logró exprimir al máximo un coche que, a priori, en un circuito como Monza, no debería estar por delante de Racing Point o Renaut, y se impuso a base de ritmo y, fundamentalmente, una tremenda fortaleza mental, la cual le permitió remontar desde la sexta hasta la segunda posición tras la reanudación en una situación que podría haber supuesto un duro golpe anímico. Pero Carlos, a diferencia de un Stroll que mostró estar un tanto nervioso y no aguantó la presión de verse peleando por la victoria, supo gestionar los nervios y estuvo a punto de lograr la enorme machada de dar caza a Gasly y llevarse el triunfo en la «Pista Mágica«.

En clave Ferrari

Esta madurez de la que hizo gala el español puso en pie al jefe de Ferrari, Mattia Binotto, que esperó la llegada del que será su pupilo a partir de la próxima temporada para recibirle entre aplausos y felicitarle por el recital que había dado en pista, algo que cabe destacar aún más después de un nuevo fin de semana desastroso de Ferrari, que volvió a irse de vacío en su casa tras el abandono de Sebastian Vettel y el duro accidente de Charles Leclerc. Si alguna nota positiva ha tenido el fin de semana del Gran Premio de Italia para los de Maranello es que, sin duda, Carlos Sainz es el hombre adecuado para acompañar a Leclerc en el ambicioso proyecto que tendrá que afrontar Ferrari para volver a la pelea por el mundial. El madrileño ya ha demostrado en la cuna del ferrarismo que talento no le falta, y sobre todo, que tiene ese gen competitivo y ganador que tanto gusta a los tiffosi.

Ahora sólo falta que Ferrari haga su parte, que el próximo monoplaza de los de Maranello corrija las enormes carencias del SF1000 y permita al madrileño optar al cajón más alto del podio, algo para lo que ya ha demostrado estar más que preparado. Tras la sublime actuación del piloto español, el mundo Ferrari y los aficionados a la Fórmula 1 sueñan con que el madrileño sea el hombre adecuado para devolver a Ferrari a lo más alto. Sueñen, hay motivos para creer.

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