Una lucha entre tres palos

La Coruñesa Irene González Basanta se convirtió en toda una heroína de su ciudad por la gallardía con la que se colocaba debajo de una portería en tiempos que no estaba bien visto que la mujer practicara ningún tipo de deporte y menos el fútbol

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La mujer a comienzos del siglo XX

Los inicios de la lucha sufragista y feminista tal y como la conocemos hoy en día tiene sus episodios más trascendentales especialmente en el Reino Unido y en Estados Unidos, pero España, aunque de una forma más moderada, también hizo sus aportaciones. A principios del siglo XX no se consiguieron grandes cambios pero sí que se construyeron los cimientos para los que llegarían después.

El trabajo de la mujer en la España de comienzos del siglo XX, eran mayoritariamente trabajos de campo, de costura y empezaba a incorporarse a pequeña escala en la industria del momento. Las jornadas laborales eran interminables, la brecha salarial era más bien un socavón y no olvidarnos que las labores del hogar recaían exclusivamente en las mujeres. Estas duras jornadas laborales de la mujer no se regulaban por ningún tipo de legislación, lo cual ayudaba a que el trabajo fuera precario y que se abusara de las necesidades que la población femenina de la época tuviera de ese empleo, por muy esclavo que fuera.

La situación legal de la mujer era inexistente, teniendo la autoridad sobre ellas o bien el padre, o bien el marido y en su defecto un tutor legar, pero eso sí, siempre la figura de un hombre.

Todas estas circunstancias propiciaron varias huelgas de mujeres de gran relevancia en el territorio nacional. En 1921 sucede la primera manifestación sufragista en España. Durante este período la lucha feminista estaba centrada en lo que se consideraba más necesario conseguir a corto plazo, poder estudiar, poder trabajar y el derecho al voto.

El deporte en la mujer de los años 20 del siglo pasado

En el mundo del deporte empezaba a verse con buenos ojos que la mujer lo practicase, siempre que no exigiera competitividad y por supuesto adaptados a la fisiología de la mujer. Ni la medicina, ni la autoridad católica, con muchísimo poder en la España de principios del siglo pasado, consideraban correcto la práctica del deporte por la mujer. Se tenía la creencia de que no era bueno para la constitución femenina además de pensar que algunos roles del deportes, liderazgo, competitividad, decisión… no eran aptitudes adecuadas para una mujer de principios y valores religiosos. Aunque se empezaba a recomendar médicamente el deporte moderado en la mujer, paseos por ejemplo, no se hacía como saludable para ella como tal, si no para la futura mamá y sobretodo para la salud del futuro bebé. La medicina, la religión dominante del momento y personajes de gran relevancia social expresaban abiertamente por medio de artículos en prestigiosas revistas o diarios, su disconformidad con el hecho de que la mujer irrumpiera en el deporte de competición

Los comienzos futbolísticos de la mujer

Todo esto por supuesto no era ajeno al fútbol, deporte considerado por tradición, cultura y pensamiento absolutamente masculino sin ningún tipo de discusión. Hay constancia a finales del siglo XIX de partidos de fútbol femenino en Gran Bretaña pero en 1902 la Football Association (FA), máximo organismo del fútbol inglés, prohibió absolutamente cualquier tipo de partido en el que intervinieran mujeres y en 1921  fue más allá aún, ya que prohibió cualquier tipo de federación por parte de equipos femeninos negando y prohibiendo así no sólo su práctica por mujeres sino que además, cualquier intento de profesionalizarlo en el futuro. Aunque esto sucediera fuera de nuestras fronteras, llegó a España justo en el momento en el que algunas mujeres empezaban a practicarlo, propiciando así que cualquier tipo de iniciativa, cayera en el olvido.

Irene González Basanta

Pero hubo mujeres que decidieron que no iban a permitir que se les prohibiera practicar el deporte que tanto amaban, el fútbol, y una de ellas fue la que va a ser la protagonista de esta historia, Irene González Basanta. Irene nacía en la ciudad de A Coruña en 1909. Su vida fue una vida repleta de tragedia, algo que no era ajeno para la mayoría de la población española de la época. Le fallecieron sus padres, un hermano y un sobrino quedándose al cuidado de su hermana mayor y el marido de ésta.

Comenzó como delantera pero paradójicamente pasó a los anales de la historia del fútbol femenino como portera. Irene empezó jugando en el Barcelona FC, un equipo infantil de la zona. Profesaba una gran admiración por un portero de la época, el histórico Ricardo Zamora, y lo demostraba copiando su equipación. jugó en el Racing Coruñés donde coincidió con un mítico jugador, Eduardo González Valiño, más conocido como Chacho, que tiene el brillante record de haber marcado más goles en un partido de la Selección Española, con 6 dianas en total.

En 1925, a la edad de 16 años, llegó a crear su propio equipo, el Irene Fútbol Club, del cual era la capitana, siendo arrestada en varias ocasiones por este motivo. Entre los años 1924-1927 Irene ya se había convertido en toda una referencia para la ciudad herculina.

A unos 1000 km de distancia, otra mujer, contemporánea de Irene, se abría camino en el mundo del fútbol, Nita, como la conocían en toda Málaga, a la edad de 20 años se disfrazaba de hombre para poder jugar al fútbol, lo cual le ocasionó, al igual que a Irene, varios arrestos por alteración del orden público. Nita consiguió jugar al fútbol aún con las advertencias que un tío suyo, médico, le hizo a la familia sobre lo que esta práctica podría perjudicar a su salud. Siguió jugando hasta el estallido de la Guerra Civil española.

Se escribieron varios artículos en diarios de la comarca sobre Irene, además de fotografías bajo palos que se exponían en escaparates de la ciudad como una curiosidad pero a la vez como orgullo de la misma. Promotora de pequeños campeonatos, con el Irene FC llegaron a cobrar por desplazarse por toda la geografía gallega, de ahí que se crea que fue la primera mujer española en cobrar por jugar al fútbol. Incluso llegaron a disputar varios encuentros en el viejo Riazor. Consiguió crear tanta expectación entre la gente, mujeres incluidas, que muchos y muchas iban expresamente a los partidos por ver a esta jovencita que colocándose debajo de tres palos, con gran valentía y osadía, conseguía superar cualquier barrera social que le impidiera hacerlo.

La Tuberculosis

A principios del siglo XX, la Tuberculosis estaba causando verdaderos estragos en una sociedad que bastantes problemas tenía ya de por sí. Si la pobreza no causaba ya suficientes tragedias en las familias, la Tuberculosis, entre otras cosas por su clima, incidió con gran virulencia en Galicia, donde sólo entre los años 1924-1927 fallecieron 14.704 personas a causa de esta infección.

Esta vez la tragedia no iba a formar parte de la vida de Irene como hasta el momento, ahora la tragedia se cebaba con ella en su persona, ya que contraía la infección en 1927. El último partido del que se tiene constancia que jugara data del 1 de mayo de ese mismo año. Se llegaron a disputar varios partidos benéficos para ayudar económicamente a la familia de Irene. Esta joven portera había calado hondo en el corazón de una ciudad, por su gallardía, su lucha y su desparpajo, corazón que una infección llamada Tuberculosis, estaba desquebrajando.

El 9 de abril de 1928 saltó la noticia, en varios diarios de la ciudad de A Coruña y alrededores, que Irene González Basanta, la mujer que desafió a una sociedad extremadamente estricta con la mujer, moría a la edad de 19 años debido a la Tuberculosis que padecía, yéndose a una edad muy temprana pero convirtiéndose así en una leyenda del fútbol femenino, eternamente.

Twitter: (@Evacastrocuello)

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