Un club que se ha perdido mientras se buscaba a sí mismo

2 puntos de los últimos 27 posibles es el nefasto balance del equipo en las últimas jornadas. Una serie de resultados insostenible para cualquier entrenador profesional. Una debacle que anima a buscar culpables en el banquillo, la dirección deportiva, la propiedad y la plantilla

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La situación actual del Real Sporting tras la peor racha histórica de la entidad es tremendamente preocupante. Y las miradas se han dirigido sobre todo a dos actores, el entrenador David Gallego y al máximo accionista, Javier Fernández. Mientras unos lo señalan como máximo responsable por sus carencias como entrenador, otros se afanan en defender al entrenador a capa y espada. No cuenta con una defensa igual de efusiva el propietario, por tanto, creo que es de justicia no solo señalar los errores del mismo, sino lo que puede habernos traído hasta aquí.

El presidente del Real Sporting prometió hace años cambiar las cosas. Un crecimiento sin retorno y un proyecto de cantera. Evidentemente lo primero no se ha cumplido, con el club en uno de sus peores momentos deportivos. Lo segundo, aunque se quiera negar, si se ha llevado a cabo.

El Sporting regalaba, malvendía, mal pagaba o incluso no pagaba a jugadores. Todo esto ha quedado atrás. Y no es cierto por mucho que se quiera retorcer la realidad que el club funcione igual. La realidad actual es que el Sporting no regala ni malvende jugadores, e incluso ha llegado al punto de sobre pagar a los futbolistas.

El Sporting es un club de Segunda División que compite en inferioridad contra otros equipos de la misma. Da igual tener 16 o 20.000 socios; tener mucha historia o tradición. La realidad la marca el presupuesto. Y por presupuesto el Sporting no puede rivalizar contra los descendidos en las últimas dos temporadas. Sin embargo, durante los últimos 3 años el equipo ha estado soportando un coste deportivo superior a lo que puede generar. Así, la pandemia solo ha puesto de manifiesto lo riesgoso de esta decisión.

A todos los sportinguistas nos gusta ver a gente como Pedro, Gragera o Guille Rosas siendo importantes en el equipo. Pero a los canteranos hay que retenerlos y eso se hace subiéndoles el salario, como a cualquier otro jugador profesional. Esto, que todos queremos, se convierte en un problema cuando en la entidad se funciona con unos salarios altísimos para sus posibilidades, heredados de un modelo implantado por Miguel Torrecilla, que necesitaba vender para cuadrar cuentas.

Ahora esas ventas no se producen tras el colapso económico en la Liga Española. Y sin esos traspasos solo es cuestión de tiempo que los jugadores, aunque sean canteranos, quieran salir. El Sporting esta ahogado económicamente, aun con los ingresos del acuerdo CVC. Y esto, aunque duela aceptarlo, solo se arreglará con salidas y una reestructuración salarial en toda la primera plantilla. Y no es porque el señor Fernández sea Amado, o su padre, si no porque el club no puede costear su primer equipo por haber decidido mantener a toda costa a todos los jugadores importantes y sobre todo a sus canteranos.

Con esto sobre la mesa cabe preguntarse lo siguiente, ¿Por qué el Sporting ha incidido tanto en mantener a todos los canteranos y jugadores del primer equipo? Pues por el mismo motivo por el cuál David Gallego sigue siendo entrenador del Real Sporting. Por la incapacidad de Javier Fernández de asumir su necesario rol de liderazgo e imponer un modelo viable para la entidad, enfrentándose a las posibles quejas de la afición o del cuerpo técnico.

Para poder contentar a su afición y darles el proyecto que estos quieren, ha llevado al club a una situación insostenible en el tiempo a nivel económico. Para no enfadar a la afición ha mantenido a un entrenador con el que existieron roces dentro del club desde hace tiempo, aunque muchos se hayan silenciado y no salieran en prensa hasta que todo se torció a nivel deportivo y, especialmente, estas últimas horas.

Un proyecto deportivo va más allá de intenciones. Son métodos de trabajo y estos son los que se le deben presentar a la afición para que los conozca y valore, teniendo en cuenta el feedback que esta nos dé. A partir de ahí son la propiedad y la dirección deportiva las que deben tomar decisiones, por impopulares que sean, siempre pensando en buscar lo mejor para ese proyecto común que han creado con la afición.

Solo así sería sostenible mantener a un entrenador que únicamente ha conseguido 2 puntos de 27, que se pueda dar el cese de un entrenador que cumplió a nivel de resultados, pero cuya promoción de canteranos ha tenido que ser impuesta desde la propiedad y la dirección deportiva, o que llegado el caso, se pudiera traspasar a un canterano importante sin que la ciudad «arda».

Hasta que Javier Fernández no asuma que a la afición se la debe escuchar y valorar; pero que ésta no puede ser el juez en las decisiones relevantes, nunca se tomará la decisión adecuada en el momento correcto. Y mientras la afición no acepte que Javier Fernández es un mal presidente con buenas intenciones, al que se le debe aconsejar y ayudar, tampoco tendrá nunca el proyecto que demanda.

Dando por hecho que la etapa de David Gallego se ha terminado, espero que el siguiente entrenador sepa encontrar que necesita este club. Algo como en su día hizo Manolo Preciado, para ser feliz consigo mismo y que todos remen en la misma dirección; con una idea de trabajo y de equipo que haga sentirse orgulloso a cualquier sportinguista.

Como diría Manuel Vega-Arango; «Que acertemos», pero esta vez, por favor, que sea verdad.

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