Un Mallorca sin rumbo

La dinámica de los bermellones es alarmante y la figura de Luis García está más que discutida en el entorno del club isleño

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Alejado de la autocrítica e instalado en el comodísimo inmovilismo, Luis García Plaza ha perdido el timón de un equipo que se dirige de manera irremediable hacia la Segunda División. La montaña rusa en la que vive el Mallorca, parece no pararse y aún más lejano es el posible remedio que debería llegar desde Arizona. Sin embargo, los Suns y los problemas extradeportivos de Robert Sarver hacen inimaginable un pequeño giro del guión.

El spóiler hace meses que se hizo. Con esta dinámica y con la planificación anterior, los bermellones calcaban los errores del pasado. Hace dos años, una plantilla inexperta y con puntos débiles muy agudos terminó descendiendo a Segunda, pero con un juego reconocible y con un entrenador que sabe minimizar los defectos de sus jugadores. A día de hoy, el equipo sigue siendo inexperto, de hecho, el medio del campo titular no supera los 25 años, a excepción de un Dani Rodríguez que parece que tiene vínculos con la realeza, porque es intocable.

La diferencia radica en la persona que dirige el vestuario. El Mallorca ha pasado de Vicente Moreno a Luis García y con eso, ha perdido un líder y un gestor de juego, en detrimento de un buen patrón cuando vienen bien dadas. Desde que el madrileño habita en las entrañas del banquillo «barralet», el contexto era favorable hasta bien entrada la Primera División. La crudeza con la que te recibe la máxima categoría no es para nada comparable con La Liga Smartbank. Los errores se castigan con pena de muerte y los isleños ya llevan más de una condena.

Y aquí es donde crece la diferencia entre perfiles. Vicente Moreno era capaz de inculcar a sus jugadores una idea con la que casaban y los errores eran aún menores. El equipo se paseaba por España con una seña de identidad. Aunque sin brillo ni mucho ritmo de puntuación, la afición se veía reflejada en cada jugador. Ahora, el equipo carece de ello. Todos van por su lado, sin una idea de juego explícita y la calidad es limitada como para poder resolver partidos.

Seis partidos sin sumar es la consecuencia del vagar por Sa Calobra hacia mar abierto. Ahí, donde todos naufragan y se ahogan, sumiéndose de nuevo en las profundidades de la Segunda División. Aún hay tiempo para recuperar el recorrido perdido, virar el rumbo y para ello es necesario un cambio de capitán urgente. Un líder que haga resolver los conflictos internos, que coja el timón, deje de lado los amiguismos con ciertos jugadores e imponga un mensaje que cale para frenar el hundimiento que se está consumiendo.

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