Sun Tzu guía al Burgos a la victoria

El Burgos se impone al Tenerife en un duelo marcado por la excelencia de la defensa local, omnipresente en la retaguardia y en primera línea

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Decía Sun Tzu en El arte de la guerra que no hay mejor defensa que un buen ataque. Julián Calero llevó la sentencia al siguiente nivel. Caro, Miguel Rubio, Elgezabal y Córdoba hicieron de El Plantío una fortificación impenetrable para el ejército tinerfeño; igual que hicieron las tropas napoleónicas en 1812 ante el asedio del futuro marqués de Wellington al castillo de Burgos. Sin embargo, el trío de centrales no se limitó a defenderse. De sus seis botas salieron las mejores ocasiones de un conjunto burgalés. Juan Soriano repelió las dos primeras, pero nada pudo hacer ante el remate de Miguel Rubio desde el área pequeña, suficiente para rubricar un triunfo de oro.

Burgos CF 1 0 CD Tenerife


Recuerdos de Napoleón

En 1808, el castillo de Burgos fue ocupado por el ejército francés. El emperador Napoléon Bonaparte consideraba la edificación estratégica para controlar la geografía ibérica. Usando como señuelo una supuesta conquista de Portugal, dominar el enclave burgalés tenía una función doble para garantizar el éxito de su secreto plan de ocupar la península en su plenitud: era una plaza defensiva de retaguardia en caso de repliegue y, al mismo tiempo, un centro logístico. Cuatro años estuvieron las tropas invasoras dominando la fortificación de Castilla y León hasta que el general Arthur Wellesley, futuro marqués de Wellington, llegó a la ciudad persiguiendo a los invasores. 35 días duró el asedio al castillo, que culminó con retirada del lord inglés.

Dos siglos más tarde, Burgos volvería a ser testigo de una nueva y cruenta batalla, pero esta vez el escenario era distinto. A orillas del río Arlanzón, se encuentra El Plantío. Los invasores, en este escenario, provenían de las islas Canarias, no de Francia, y los guerreros burgaleses tampoco recibieron asistencia extranjera —con la excepción de un serbio, Filip Malbasic—. Desde que iniciaron las afrentas, media hora de tanteo se sucedió. Cada paso que se daba era calculado con una precisión milimétrica. Las defensas no estaban dispuestas a ceder. El error no hacía acto de presencia. La pelota no fluía. Las interrupciones eran constantes.

W.M.D.

Dicen que una buena defensa es el mejor ataque y Luis Miguel Ramis se lo tomó al piel de la letra. La principal arma del Tenerife no era otra que Carlos Pomares, un lateral que inquietaba a Caro con sus constantes centros cargados de ponzoña. Los papeles incluso se intercambiaron: Enric Gallego aparecía más en el centro de la zaga que en la punta de ataque. A pico y pala, los isleños empezaron a intensificar su asedio a la fortificación burgalesa. De una falta botada por Alexandre Corredera salió el primer remate a puerta del partido, cabezazo que llevaba la marca de Enric Gallego. Segundos más tarde, Carlos Ruiz, también con su herramienta pensante, intentó sorprender al guardameta.

No obstante, igual que antaño hicieron las tropas napoleónicas, el Burgos se defendió con uñas y dientes. Con una defensa superlativa, resistió los envites tinerfeños manteniendo a raya la pulsación cardiaca de los seguidores presentes en El Plantío. Fue, precisamente, en la retaguardia donde se ocultaba un arma de destrucción masiva. En el punto de penalti aguardaban Miguel Rubio, Elgezabal y Córdoba, los tres supports de Julián Calero. Tras un par de erráticos rebotes, Córdoba remató el esférico, ocasión que pudo despejar Juan Soriano. Elgezabal enganchó el rechace a bocajarro, pero el cancerbero, que parecía abatido en el suelo, se sacó una mano que haría enorgullecer a Mark Evans. Acababa de salvar el 1-0 sin saber cómo.

Omnipresencia defensiva

Tras la tregua del descanso, las dos escuadras regresaron al campo de batalla dispuestas a seguir adelante con sus respectivas estrategias, idénticas, que parecían ser diseñadas por la misma persona: hacer daño golpe a golpe, abrir una herida e ir hurgando en ella. Como ocurre en el fútbol americano, avanzar una yarda ya cuenta; es importante, crucial, y mucho más complicado de realizar que de describir. Diez minutos tardaron en usar la artillería pesada. Fue Elady el primero en emplearla, con un zapatazo lejano que Caro pudo repeler sin excesivos problemas.

La línea defensiva del Burgos seguía siendo imperial y, ante la congestión de tráfico en la medular, era omnipresente. A la salida de una falta, Elgezabal, con toda la mala intención de mundo, buscó la escuadra al colocar su testarazo. Soriano, solo ante el peligro, consiguió forzar el saque de esquina. Calero sacó su pizarra. El córner buscó directamente las botas de Mumo, pero la volea del dorsal ’22’ se perdió en el aire. Él mismo pudo ir a buscar el regalo del cielo y centró hacia el área chica, superando el túnel que formaban las piernas de León. Miguel Rubio remató en el vértice del rectángulo; la pelota rebotó en Mellot y se introdujo en la portería. El Tenerife, que aún tendría una oportunidad desde las botas de Míchel, ya se vería superado en todo momento y gracias tuvo que dar para mantener el 1-0.

El partido terminó con victoria local por 1 a 0. Después de una serie de ataques calculados con una precisión milimétrica, la defensa burgalesa demostró haber heredado la fortaleza del castillo de la ciudad. No solo sobresalió en la retaguardia, sino que de su trío de centrales se generó el peligro, que culminó con el gol de Miguel Rubio en la segunda mitad. De esta manera, el Burgos asciende hasta la novena posición, con 45 puntos. Por su parte, el Tenerife se irá a merendar cuarto, con 55 puntos.

Ficha técnica
Burgos CF: José Antonio Caro; Córdoba, Elgezabal, Miguel Rubio; Raúl Navarro, Andy Rodríguez, Mumo, Matos (Fran García, min. 73); Malbasic (Guillermo, min. 69), Juanma (Roberto Alarcón, min. 73) y Pablo Valcarce (Ernesto, min. 87).
CD Tenerife: Juan Soriano; Mellot, Carlos Ruiz (Sergio González, min. 63), León, Pomares; Andrés, Alexandre (Míchel, min. 72), Pablo Larrea (Nahuel, min. 85), Bermejo (Shashoua, min. 63); Enric Gallego y Elady (Víctor Mollejo, min. 72).
Goles: 1-0, min. 62: Miguel Rubio.
Árbitro: Eduardo Prieto Iglesias (Comité navarro). Amonestó a Raúl Navarro (min. 64) y Roberto Alarcón (min. 89) por parte del Burgos y a Pablo Larrea (min. 37) y Enric Gallego (min. 50) por el Tenerife.

VAR: Víctor Areces Franco (Comité asturiano).

Incidencias: Partido correspondiente a la trigésimo tercera jornada de LaLiga Smartbank, disputado en El Plantío, Burgos.
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