Vinícius Jr. y la triste realidad que envuelve al fútbol español

El futbolista brasileño ha vuelto a ser protagonista de un lamentable incidente que pone en evidencia un problema que trasciende lo futobolístico

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Estaba claro que, tarde o temprano, todo el problema que ha girado en torno a Vinícius Jr. a lo largo de la temporada terminaría explotando. Y casualidad o no, lo ha hecho casi en el punto en el que la campaña llega a su fin, en un partido en el que, aunque el Valencia ha logrado certificar prácticamente su permanencia, el principal derrotado de este encuentro es la imagen del fútbol español.

No ha sido ninguna sorpresa el hecho de que Vini haya sido recibido en Mestalla con un sinfín de insultos, la mayoría de ellos de carácter racista. Y desgraciadamente no es sorpresa porque ha sucedido en la gran mayoría de visitas del Real Madrid a los distintos estadios de Primera División. Pero lo sucedido hoy ha traspasado cualquier tipo de límite.

Un límite que ha terminado con un Vinícius desquiciado, apuntando directamente a la persona del público que ha proferido uno de los miles insultos racistas que el futbolista brasileño recibe día sí y día también cuando desempeña su trabajo. Pero eso no es lo realmente remarcable, porque, al fin y al cabo, el insulto ha formado siempre parte del fútbol, y el tipo de personas que los profiere, también. Y a mí tampoco me compete juzgar en lo personal las actitudes de personas que, en su gran mayoría superan sobradamente la mayoría de edad, encuentran placer en sus tristes vidas únicamente en llamar mono en el estadio a un chaval de 22 años.

Lo verdaderamente preocupante es lo que ha sucedido después. Y es que Vini ha dicho hasta aquí. El futbolista brasileño quería abandonar el terreno de juego, y han sido el árbitro y el propio Ancelotti quienes lo han evitado. Pero aquí queda en evidencia un sistema que, evidentemente, no funciona ante las agresiones racistas, porque mucho antes de que un futbolista llegue al punto de querer abandonar el césped ante estos insultos, el partido debería estar suspendido.

Un punto en el que La Liga demuestra estar a años luz de otras competiciones que sí cuentan con mecanismos para acabar de raíz con este problema, como la Premier League. Y llegados a este punto, el Real Madrid también ha dicho basta. El propio Ancelotti ha respaldado a su futbolista ante un problema que trasciende lo futbolístico pidiendo al colegiado que detuviera el encuentro, y otros compañeros, como Courtois, han afirmado que habrían abandonado el campo junto a Vini si él se lo hubiera pedido.

Sin embargo, aun así, existen personas que no solo justifican este tipo de actitudes, sino que las encuentran como una reacción lógica a lo que sucede con el brasileño en el césped. Porque Vini provoca, porque Vini protesta, y porque Vini baila. Pero casualmente, eso solo sirve de excusa para ser la diana de agresiones racistas en los campos de La Liga, porque en ningún momento ha tenido ningún problema en competiciones europeas, y la mayoría de laterales que lo han marcado en la Champions League se han deshecho en elogios hacia él. Tampoco los estadios de cualquier rincón de Europa lo han despedido haciendo gestos de macaco mientras se marcha a los vestuarios.

Pero este relato se cae por sí solo, porque desde que llegó a España con solo 18 años, el brasileño ha sido víctima de una persecución que, con el paso del tiempo, únicamente ha cambiado el enfoque. Porque cuando llegó a España era el hazmerreír, el pufo y el paquete, hasta el punto de que la presión sobre él le hizo derrumbarse tras marcar un gol en el Bernabéu. Con solo 19 años, siendo la diana únicamente por vestir la blanca.

Pero en un momento dado, las que iban fuera comenzaron a entrar. Y entonces dejó de hacer gracia y empezó a dar miedo. Y ahí comenzó una cacería en la que simplemente dejaron de llamarle malo para llamarle mono, y una larga lista de hermosuras que aguanta día sí y día también.

Y todo esto desemboca en algo tan lamentable como lo acontecido esta tarde en Mestalla. Miles de personas, impunes, tras una hora y media de improperios racistas, se saben ganadores de la batalla mientras que el brasileño encaraba los vestuarios. Una victoria de la que La Liga, de la mano de la ausencia de consecuencias, es cómplice. Y junto a ella todas las personas, medios de comunicación y estamentos que justifican estas actitudes en base a lo que sucede en el campo.

Un problema que, como bien dice Ancelotti, va mucho más allá de lo futbolístico. Y muestra un grave problema que no solo afecta a La Liga, sino también a la sociedad española, capaz de justificar un problema que debería llevar décadas erradicado en base a lo que ocurre con la pelota en algo que, al fin y al cabo, no deja de ser un juego.

Pero parece ser que, de una vez por todas, el Real Madrid ha dicho hasta aquí. Y es que para erradicar el racismo no valen medias tintas. Tampoco las excusas, ni mucho menos las concesiones. Porque ha quedado demostrado que poner la otra mejilla no funciona. Un problema que va mucho más allá del color de la camiseta que viste cada uno, y que, tal vez, todos aquellos que no logran identificarlo, es porque sean parte del problema.

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