Sin duda, era uno de los grandes atractivos del Clásico, ver el enfrentamiento entre Lamine Yamal y Cucurella, y no decepcionó, sobre todo para el lado blanco. Porque la actuación del lateral catalán fue sencillamente sensacional. El extremo del Barcelona apenas generó peligro, más allá de que, cada vez que cogía el balón, se respiraba tensión, que no es poca cosa. Pudo marcar el empate en una jugada en la que le llegó el balón con algo de fortuna, y un tiro en la segunda mitad desde fuera del área que se fue lamiendo el palo, pero se vio impotente en todo el partido ante la marca de su compañero en la selección.
Cucurella vino al Madrid para partidos como el de anoche, para enfrentarse a los mejores extremos de Europa, y en su primer gran examen, la nota es de sobresaliente. Todos los rumores que se habían generado con el inicio de temporada se han esfumado.
Cucurella seca a Lamine Yamal
Se juntaban dos compañeros de la selección, dos campeones del mundo, dos futbolistas con un hambre competitiva feroz, pero con un fútbol completamente diferente, uno encargado de hacer magia, el otro, de desvelar los trucos del contrario, de anularlos. Jugadores opuestos, pero igual de necesarios para cualquier equipo.
Cucurella no dio tregua, desde el primer minuto, se pegó a Lamine como una lapa, incordiando, agarrando, empujando, anulando al extremo, que poco a poco, se iba estresando, se iba desquiciando. El lateral blanco rozó la amonestación en muchos momentos del partido, más por la presión del escenario que por faltas realmente merecedoras, quizá por la reiteración, pero se encontró con un árbitro que se guardó las tarjetas para acciones realmente duras, y eso le favoreció. El internacional con España apenas pudo desbordarle, sí lo logró en algún momento, calidad de sobra tiene para hacerlo, pero mucho menos de lo que le hubiera gustado. No fue un peligro más allá de lo que genera con su presencia, como hemos dicho, eso es mucho.
Porque Lamine la tuvo muy clara, en un balón que quizá nunca debió haberle llegado, pero igual que dos minutos antes Mbappé se encontró con la suerte de cara, Yamal se encontró con el otro lado de la moneda. Quizá dudó en qué hacer, si palo largo, si palo corto, tenía mucho tiempo para pensar, pero poco tiempo para decidir, y se lió, echó un balón fuera que un futbolista de su talla tiene que meter sí o sí en la jaula. Quizá ahí se acabó su partido.
Cucurella se gradúa
Porque a partir de ese momento, pasamos de un Lamine frustrado a un Lamine ansioso por revertir ese error. Pero Cucurella lo tenía enjaulado. Apenas generó peligro en la segunda parte, y no será porque dejara de intentarlo, todo lo contrario, una y otra vez, pero lejos del peligro al que nos tiene acostumbrados.
Cucurella logró hacer su mejor partido con el Real Madrid, el día más importante hasta la fecha. Había ruido en torno a él, no se veía al jugador de la selección española. Como él dijo hace unas semanas, paciencia, era equipo nuevo, compañeros nuevos, sistema nuevo, había que adaptarse, y también tenían que adaptarse a él, y es eso lo que ha pasado.
Mourinho arropa a Cucurella
Porque no fue solo el partido del catalán, también tiene mucho que ver lo que Mourinho planteó en torno a él. Diomande y Tchouaméni estuvieron muy pendientes de esa banda izquierda constantemente, de apoyar a su compañero, de que su trabajo con Lamine no se viera eclipsado por la falta de cobertura, por las ayudas, o porque no cubrieran las posibles coberturas. Estaba todo planeado y el plan salió perfecto.
Cucurella fue uno de los grandes nombres del partido, sin duda, clave en la victoria del Real Madrid. Logró frenar por completo a Lamine Yamal, y de ahí, a todo el Barcelona. Se le fichó para estos partidos, y de momento, ha cumplido.