No disparen al pianista

Tomen asiento, pidan otra ronda y enfunden sus revólveres, que la función acaba de comenzar y al pianista le quedan muchas notas por tocar

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Que no hay nada que traiga peores presagios para el futuro de un entrenador que algún «mandamal» de su club salga públicamente a ratificarle en su puesto es una cosa bien sabida en este mundo del fútbol. Así que José Alberto, el entrenador de la casa que pasó de sueño húmedo del sportinguismo a motivo de desprecio en poco más de diez jornadas de liga sabe que tiene las horas contadas al frente de la nave rojiblanca si no se trae los tres puntos que el Martínez Valero y Nino ponen el juego el próximo sábado a las seis de la tarde.

No se puede pasar por alto que equipo es un espanto. Los dos últimos encuentros de Liga no aguantan un análisis y los ocho anteriores tampoco pasarán precisamente a los anales de la historia, minutos brillantes frente a Racing y Almería a parte. Es muy poco bagaje para que las expectativas creadas al inicio de la competición se mantengan sólidas aunque sea poco tiempo el que haya pasado aún para sacar conclusiones.

Aun así, el debate está abierto y es peliagudo. El aficionado moderno no es amigo del reposo por lo que cualquier cosa que no sea recolectar puntos de tres en tres para llegar a Primera División lo antes posible, de cualquier manera, es su objetivo único. Luego, una vez ya en la máxima categoría, ya veremos lo que hacemos. Es mentira que Mareo tiene que ser protagonista de un equipo que preferiblemente formara con jugadores asturianos: eso es una patraña que se vende y se compra en momentos puntuales y que no aguanta diez partidos de liga en pie. El aficionado es ventajista y poco le importa quien marque el gol, aunque diga lo contrario.

Torrecilla viró, o lo hicieron virar, y apostó por un proyecto de la casa, capitaneado por un entrenador de la casa, con el retorno de futbolistas que habían salido de la casa y con un protagonismo de los jugadores del filial, de la casa, sin precedentes desde la época de Abelardo, aquella en la que hubo que tirar por narices de la gente de la casa, y que no acabó tan mal. La casa.

Aquel equipo se deshizo pero hoy tenemos la oportunidad de corregir errores y crear una base sólida, que salga a flote en una competición tan descomunal como es la Segunda División, que ascienda a la máxima categoría con un conjunto asentado y que pueda permanecer, que no sea un mero sube y baja, un saco de boxeo que reciba todos los golpes y que vuelva a caer, magullado y herido en su amor propio. Es decir: como siempre. Y si asentar las bases hay que trabajar dos años, o tres, se hace.

Esta situación que vivimos y que la clasificación dicta va a servir para medir la convicción con la que la propiedad puso en marcha esta apuesta. Veremos si es cobarde y vuelve a las andadas al sentir el aliento del socio o aguanta en su cerrazón de que este camino es el correcto y que hay que recorrerlo hasta el final, cueste lo que cueste. Podremos medir también la personalidad de un muchacho criado en la casa y recién llegado al mundo del fútbol profesional, su aguante ante los imponderables y antes los vaivenes. Veremos si en Elche se la juega con los suyos, con los que creció y a los que ayudó a crecer. Y veremos también el compromiso de los futbolistas, más allá de las declaraciones ante los medios. Ellos son, a fin de cuentas, los que tienen el sartén por el mango

Quisimos Mareo y Mareo tenemos. Así que tomen asiento, pidan otra ronda, enfunden sus revólveres y no disparen al pianista que la función acaba de comenzar y aún le quedan muchas notas por tocar.

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