La excepción de la Fase Excepcional, ¿qué pasó con el Madrid?

Un intento por explicar desde lo Psicológico lo ocurrido en Valencia

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En el mundo basquetbolístico post pandemia, la Fase Excepcional fue un oasis en el medio del desierto competitivo. Y está haciendo honores a su calidad de excepcional, ya que, salvo Barcelona, el resto de los mejores clasificados han regresado a sus ciudades. De todas las despedidas tempranas, la más sorprendente fue la del Madrid. No hay quién no se haya preguntado ¿qué pasó con el Madrid? Bueno he aquí un intento de explicación desde la Psicología deportiva, pasen, vean y debatan.

Cuando se vislumbraba el regreso a las competiciones se podían leer puntualizaciones a tener en cuenta desde lo Psicológico para llegar a tope en el regreso. Algunas de las cuales pudieron tomarse o no en cuenta, pero que probablemente junto con otras habrán afectado. Jugadores declaraban en la previa que el resultado en esta fase no cambiaba las cosas del año. Que el hecho de jugar era más de entretenimiento y alivio para el público que en lo competitivo, marcaban que había una psiquis en elaboración traumática.

Los peligros psicológicos de añorar el nivel, la agresividad y el foco que se tenía en marzo, y no hallarlos ahora, podían conspirar contra la preparación para la competencia. Y es evidente desde la pantalla que algo de eso ocurrió. Nunca el Madrid encontró un nivel sostenido como equipo, más allá de los buenos números y rendimientos de Tavares y Campazzo. Se vio un equipo que carecía del plus en conjunto que se le veía durante la temporada. Como si el parón les hubiera dejado huellas no sólo en lo estrictamente deportivo, sino también en la psiquis particular y en la cohesión grupal.

Es habitual que un equipo acostumbrado a realizar procesos de crecimiento virtuoso, vaya mejorando su rendimiento en el transcurrir de la temporada. Y haber sufrido el trauma del parón pudo haber afectado al Madrid de un modo particularísimo. Ya que se vio interrumpido su habitual proceso de sinergia deportiva individual y grupal. He aquí un punto de explicación de lo sucedido, no se pudo sostener durante el parón, ni al regreso, la línea de mejora esperada. Pues la habituación a un proceso y el convencimiento de lo bueno del mismo, genera un espiral de mejora continua que permite estar mejor cuando llegan las finales. Esta vez el proceso fue interrumpido por el COVID. Y si el proceso se ve fracturado, las dudas ante el mismo y al propio rendimiento, invaden el psiquismo.

De este modo, ante la ruptura de lo planificado, se le agrega el sufrimiento de las consecuencias de la Pandemia. Los jugadores se perciben en un nivel físico o deportivo no acorde a lo esperado para junio. Y se suma una sensación de vulnerabilidad de equipo ante una derrota inesperada. Lo que pasó podía pasar.

Es obvio que la derrota es parte del deporte, pero suele pasar qué por su formación, el deportista y el entorno deportivo, lo tome como algo que no puede ni debe ocurrir. Y qué si se pierde, se debe a un bajón personal o de equipo. Y aparece una necesidad de buscar a los culpables fracaso y pedir cabezas. Pero lo ocurrido con el Madrid puede servir de aprendizaje para ese equipo, pero también un mensaje para todo el mundo del Baloncesto. Cuando se entra a jugar se puede perder, tener actuaciones decepcionantes o rivales en un alto nivel de ejecución.

Por lo tanto, un proceso habitual discontinuado, ha generado dudas, pérdida del enfoque o focos difusos, endeblez percibida en el estado propio, inestabilidad en la intensidad a la hora de jugar, ráfagas brillantes mechadas con ausencias desconcertantes y rendimientos de inicio de temporada en un momento final que fueron desvaneciendo la autoconfianza individual y de equipo. Y si ante esto, se le contraponen rivales más enfocados, con menos presión y con cargas de expectativas ajenas menores, aparece lo excepcional de la Fase Excepcional. Que es un Madrid fuera de semifinales.

Para el conjunto merengue es momento de analizar, desmenuzar y realizar intervenciones de acuerdo a lo que pasó, pero sin perder de vista lo excepcional de la situación. Es decir, no es necesario dejar de creer en el proyecto ni en el método, pero si de revisarlo, hacerlo más flexible y modificable ante eventualidades, para mantener su eficacia. Si además de enfocarse en rendimientos individuales y colectivos, se evalúa la flexibilidad del sistema y del método de trabajo; la percepción de lo valioso del mismo será mayor. Algo que se logrará trabajando en la recepción del mensaje, su asunción y la capacidad grupal para darle lugar a la imprevisibilidad de la vida y del deporte. Que en ciertas oportunidades presentan momentos y rendimientos excepcionales, tanto para bien como para mal, y que hay que estar listos para responder positivamente.

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