La fragilidad del talento

Ødegaard abandona el Real Madrid sin haber demostrado sobre el césped su enorme calidad

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Hace poco más de 11 años, el Real Madrid presentaba en sociedad a su gran apuesta de futuro, Mesut Özil. Era una petición expresa de Mourinho, que veía en el alemán la piedra angular para generar fútbol en su proyecto. Tras firmar un fantástico Mundial, poco tardó en meterse al Santiago Bernabéu en el bolsillo. En sus tres años de blanco, enamoró a un respetable tan complicado como el de Chamartín gracias a su talento innato, y se convirtió en uno de los futbolistas con mayor proyección de Europa.

Máximo asistente a nivel global durante esas tres campañas a mucha distancia del segundo, Mesut era uno de esos futbolistas por los que valía la pena pagar una entrada. Como lo fue en su día Zinedine Zidane. Un control, un balón filtrado o un regate le valían al turco de origen alemán para levantar de su asiento al aficionado. Era un futbolista distinto, de los que tenía algo que no se enseña. Él lo sabía, y el Bernabéu también.

Sin embargo, Mourinho se marchó al Chelsea, y el mediapunta perdía a su principal valedor. Llegó al club blanco Ancelotti, y para más inri, con Isco de la mano. Ya era oficial, Mesut no era indiscutible. Esto fue más que suficiente para él, que al no sentirse valorado, buscó respaldo fuera de Madrid. Para su sorpresa, al comunicar sus intenciones en la zona noble del club, Florentino le enseñó la puerta de salida sin titubear. Y así terminó. El mago colgó la chistera y la función terminó, para tristeza de una afición que lo adoraba.

Puso rumbo al Arsenal, precisamente mismo destino elegido por Martin Ødegaard para abandonar la Casa Blanca. Tras la marcha del alemán, es conocido por todos lo que ocurrió: El Madrid ganó cuatro Champions League en cinco años, mientras que Mesut solo consiguió alzarse con la Community Shield inglesa. Con el paso del tiempo él mismo reconoció su error y dejó entrever su deseo de volver a vestir de blanco. Pero el que se va, ya no vuelve.

Nada hacía presagiar que ocurriría lo mismo con el noruego. En 2015 dejó plantada a media Europa porque su deseo era triunfar única y exclusivamente de blanco. Desde el club no se saltaron ninguno paso, y de cesión en cesión fue adquiriendo experiencia en el fútbol profesional. Hasta que en la temporada con la Real Sociedad tiró la puerta abajo y presentó su candidatura a ser una pieza importante en el Real Madrid.

A petición expresa de Zidane, el club revocó la cesión y el noruego pasó a formar parte de la plantilla blanca. Algo que, visto su gran rendimiento la anterior campaña, generaba gran ilusión en el club y en la afición. Algo se torció apenas cinco meses después de su llegada, y es que el noruego no se sentía protagonista. Zidane le pidió calma, esfuerzo y perseverancia, pero el mensaje no caló en el futbolista y pidió marcharse a la Premier League.

Tras media campaña en el Arsenal, en la que disputó las semifinales de la Europa League, regresó a la capital, ya sin Zidane en el club. Ancelotti tampoco le garantizó ese papel fundamental con el que parece que el noruego necesita partir de salida para poder dejar fluir y su fútbol, lo que le llevó a buscar una nueva salida. El Madrid se la ha facilitado, pero esta vez en forma de traspaso.

Con un Modric cerca de los 36 años, o un Kroos que se perderá el principio de la campaña por una lesión crónica, oportunidades habría tenido de sobra para ganarse un puesto en once. Pero el camino fácil era volver al sitio donde ese puesto está asegurado. Precisamente en el croata tenía un espejo en el que mirarse. Partiendo de suplente en su primera campaña, precisamente por detrás de Özil, el empeño de Luka por triunfar de blanco le ha llevado a convertirse en una leyenda del Real Madrid y en uno de los mejores centrocampistas de este siglo.

Sin embargo, el talento únicamente puede elegir entre dos caminos: uno donde ya empiezas arriba, o uno donde empiezas desde abajo, pero que sin duda te puede llevar mucho más alto. Y como dijo Guti: «Prefiero 30 minutos en el Madrid que 90 en cualquier otro sitio«. Distintas formas de ver el fútbol, y también la vida.

 

 

Por @diegoaguado97

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