El Mallorca ha perdido el norte

Desde la lesión de Galarreta el equipo ha sumado cuatro derrotas y las sensaciones son pésimas. Recuperar el rumbo es necesario para acercarse a la permanencia

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Hace dos semanas, el futuro del Mallorca tenía un rumbo fijo. El 4-4-2 se había impuesto a todas las formaciones. Raíllo, Galarreta y Muriqi conformaban una columna vertebral sólida con la que conseguir la ansiada permanencia. El calendario parecía ser propicio para alcanzar los 30 puntos, pero un bache en el camino hizo que se rompiese la brújula y el equipo perdió el norte.

La ausencia del eibarrés ha hecho mella en el juego y en la cabeza de los jugadores. Tanto Luis García como los compañeros veían en él un eje sobre el que rotar. Una vez roto ese eje, el Mallorca ha perdido una idea de juego y ha mutado cada semana en intentos estériles de encontrar otra manera de triunfar. 

De la necesidad de encontrar otro eje sobre el que dar vueltas, los bermellones han perdido el rumbo. El 4-2-3-1 ha vuelto a aparecer y el equipo ha vuelto de nuevo a carecer de equilibrio. Circulaciones lentas, espesas y sin figuras capaces de desequilibrar por los costados han hecho que el equipo tenga que ir a remolque semana tras semana.

Posiblemente, la baja de Galarreta es tan sensible, que Luis García quiere repoblar el centro de campo para tener más gente. Sin control, el equipo vive a merced del rival y por ahora, en ningún momento, Antonio Sánchez, Salva Sevilla o Baba han sido capaces de imponerse en ningún encuentro.

La soledad del soldado kosovar

Con el cambio de formación ha renacido otro dolor de cabeza. La soledad en la que vive imperiosamente Vedat Muriqi. Con el 4-4-2 estaba arropado por Ángel, que iba a sus caídas y le libraba de un central. Ahora, la ausencia de un segunda punta le ha complicado el trabajo y se pasa los 90′ en inferioridad numérica buscando un balón que le nutra de oportunidades.

Recuperar el rumbo es clave en estas últimas 12 jornadas. Está a tiempo y todavía tiene margen clasificatorio para sobrevivir, pero urge cambiar una dinámica que le dirige peligrosamente al abismo y parece que volver al 4-4-2 es necesario para volver a ver el norte claro. Sin Galarreta se complica, pero con Muriqi acompañado es menos difícil.

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