GRADA 3 entrevista a Anaïr Lomba: «Trabajé muchísimo cada día, no solo físicamente, también mentalmente»

GRADA3 entrevista a Anaïr Lomba, una histórica del fútbol femenino español, que desgraciadamente tuvo que retirarse a principios de año. Desde sus últimos días en los terrenos de juego hasta sus primeros momentos en la élite en esta entrevista.

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-Cómo llevas estos días después de haber comunicado tu retirada?

-Bien, muy tranquila. Ha pasado lo que tenía que pasar y ahora estoy intentando asimilar y continuar con mi vida.

-Habrá sido muy difícil llegar a este punto. ¿Ha sido decisión tuya o ha sido decisión médica?

-Es decisión del médico. Desde la última lesión que fue en diciembre las pruebas ponían muy difícil volver a jugar, entonces yo tengo que asimilarlo pero la decisión es del médico y de mi rodilla.

-Para llegar hasta aquí habrás tenido que sufrir muchos dolores. ¿Cómo has lidiado con ellos?

-Al final creo que todos los deportistas de élite convivimos con el dolor. Cuando te dicen que el deporte es sano, lógicamente no se refieren al deporte de élite. Al final si quieres seguir jugando no tienes más remedio. Es normal que te duelan cosas, es normal tomar pastillas, medicarse para evitar dolores o cosas así. El que más y el que menos que ha llegado arriba ha tenido que hacerlo. Es algo que normalizamos y no nos parece extraño medicarse o jugar con dolor. Es ya costumbre.

-¿Quienes fueron las primeras personas que supieron la noticia de tu retirada?

-Mi pareja y Paula Nicart. Son las dos llamadas que hice cuando salí del médico y luego cuando llegué a la comida de equipo, a la comida de Navidad se lo dije a mi primer entrenador Rubén Casado y a mi segunda entrenadora Sara Mérida. Al resto no se lo dije a nadie hasta que volví de vacaciones.

-Después del primer shock inicial, qué se te pasa por la cabeza? ¿Qué sensaciones tienes?

-Hay una parte que te dice que lo has dado todo y que has hecho todo lo que estaba en tu mano y hay otra parte que te destroza por dentro porque quieres jugar, quieres hacer todo lo necesario para acabar la temporada. Y no puedes…Entonces sientes rabia, frustración, rabia…miles de cosas que no has sentido antes.

-¿Cómo se plantea ahora la vida Anaïr?

-De momento tengo el contrato hasta el 30 de junio. Ejerzo funciones de delegada en los partidos y entre semana ayudo en la secretaría técnica. Mi contrato pone administrativa, pero administrativa no soy. Hasta el 30 de junio estoy aquí, si ambas partes estamos contentos seguiremos y si no pues a buscarse la vida. Estoy segura de que hay muchas maneras de vivir del fútbol sin estar en el campo.

– ¿Cómo te ves en un futuro a corto-medio plazo? Qué objetivos tienes?

No quiero ser entrenadora (risas). Es algo que me preguntan muchísimo. No me veo capacitada. ¿Objetivos? Quiero sentirme útil haga lo que haga, no quiero tener un puesto por tener ni nada por el estilo. Quiero tener un puesto que me haga feliz, que me haga trabajar y que me haga sentirme útil.

– Durante estos días habrás recibido muchas llamadas y mensajes. ¿Alguno que te haya sorprendido o ilusionado en especial?

-Me han llamado muchísimas compañeras, muchísimos futbolistas de primera división con los que había coincidido anteriormente. ¿Qué me hayan sorprendido? No. Hay mensajes que guardo con mucho cariño como el de la mujer de Diego López (Iria Otero), el de Iraia Iturregi, Irene Ferreras que me escribió un mensaje muy bonito, Andrea Esteban que sabe qué es esto…Hay muchos mensajes bonitos, no quiero quedarme solo con uno.

– Desde que empezaste hasta la actualidad, el fútbol femenino ha evolucionado mucho. ¿Qué aspectos ves que hayan cambiado?

-Ha crecido muchísimo. Desde que LaLiga decidió apostar por el fútbol femenino hace algunos años, formando a los clubes para que tuvieran las estructuras necesarias el crecimiento ha sido brutal. En los últimos años ha habido estancamiento por problema en despachos que no nos competen a las jugadoras, pero estamos en el camino a seguir. Cuando se desbloqueen esas situaciones el crecimiento va a ser brutal.

-¿Cómo has lidiado con el aspecto mental durante tu carrera?

-Trabajé muchísimo cada día, no solo físicamente, también mentalmente. Cuando tienes una lesión de larga duración vives una montaña rusa de emociones. Un día avanzas un montón y eres la persona más feliz del mundo. Otro día tienes un dolor nuevo y aparece simplemente porque ha cambiado en tu cuerpo y te vienes abajo y el mundo se te cae encima. Hay que convivir con el dolor, la frustración, hay que convivir con el sacrificio que supone el trabajar el día a día. Es muy importante el tema mental y el tema físico. Yo hacía dobles, triples sesiones. Me concienciaba de que iba a volver mejor. El trabajo mental de no venirse abajo pase lo que pase, aunque tengas vaivenes emocionales es fundamental.

– ¿Cuál ha sido tu vivencia más feliz dentro de un terreno de juego?

-Yo he sido siempre muy feliz siempre que he salido al campo. Si me tengo que quedar con algo, me quedo con los goles del ascenso con el Olivo.Fueron muy importantes para mí. Me quedo con los momentos vividos en los grandes estadios. Me quedo con la espinita de haber jugado en Cornellá. He vivido grandes momentos con la camiseta del Espanyol. Salir al campo y que la gente coree tu nombre. Aquí aplaudir en un minuto es muy sagrado. Que aplaudieran en el minuto 16 me pareció brutal. Creo que sentimentalmente me tocó muchísimo. He intentado disfrutar siempre dentro del campo.

-¿Qué recuerdos tienes en el fútbol femenino además del Espanyol?

-Al final con el Olivo fuimos el primer equipo gallego en ascender en primera divisón. No eramos ni un club, eramos una federación de peñas. Me parece brutal que una institución así pudiera llegar a primera división. Éramos un grupo espectacular, muchas jugadoras tuvimos que salir para poder crecer. Fue un trabajo espectacular de Padín que ya no está entre nosotros. En el Valencia conocí la profesionalidad en el fútbol femenino. Entrenábamos por las mañanas, teníamos todos los medios. Por las tardes podíamos estudiar, ir al gimnasio, hacer todo lo que tú quisieras. Estaba acostumbrada a entrenar a las 8-9 de la noche ese era un mundo nuevo, un mundo de posibilidades infinito. Me podría quedar con muchas cosas pero me quedo con el esfuerzo que hizo el Olivo y con el mundo nuevo que me enseñó el Valencia.

 

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