Hay partidos que se explican desde la pizarra y otros, como la victoria del Barça ante el Athletic que se explican desde el estado de ánimo. Lo vivido esta noche en la Supercopa de España, celebrado en el King Abdullah Sports City de Yeda, pertenece a una categoría superior: la de la superioridad insultante (5-0).
Y es que el FC Barcelona de Hansi Flick no solo se clasificó para la final de la Supercopa de España en apenas 45 minutos, sino que envió un mensaje de terror a todo el continente. El Athletic, que llegaba a la cita con el pecho fuera y aires de equipo grande, fue reducido a cenizas por un rodillo azulgrana que hoy parece no tener techo.
Un inicio de espejismo y el colapso del Athletic ante el mejor Barça
El fútbol tiene estas cosas. Durante los primeros diez minutos, el Athletic pareció el equipo que todos esperábamos. Los de Ernesto Valverde saltaron al césped con el colmillo afilado, presionando arriba y forzando tres saques de esquina consecutivos que hicieron trabajar a Joan García.
Incluso Paredes tuvo el primero con un cabezazo que Eric García sacó bajo palos de forma milagrosa…. para mala fortuna de los leones. El Athletic mordía, pero el Barça, con la calma de quien se sabe superior, esperaba su momento para activar el interruptor.
Y el interruptor se activó en el minuto 22. En una jugada trabada, donde el Athletic reclamó una falta previa sobre Raphinha que el árbitro Díaz de Mera no concedió, la zaga bilbaína se quedó pidiendo explicaciones mientras el Barça ejecutaba. Fermín López, con esa fe inquebrantable que le caracteriza, remató de forma mordida, pero el balón encontró a un Ferran Torres que, en posición de depredador, no perdonó. El 1-0 fue un mazazo psicológico del que el Athletic, inexplicablemente, no supo volver.
Fermín y Raphinha, los arquitectos del festival del Barça al Athletic
Con el marcador a favor, el Barça desplegó al Athletic un fútbol de salón, pero con el ritmo de una orquesta de heavy metal. La presión tras pérdida fue tan asfixiante que Iñaki Williams, el gran estandarte rojiblanco, se convirtió en una isla desierta en medio de un océano azulgrana. Solo 14 toques en casi una hora de juego resumen el calvario del capitán.
En el minuto 30, el show cambió de nombre. Raphinha, que está viviendo la temporada de su vida, llegó a la línea de fondo para poner un balón «de caramelo» atrás. Allí apareció Fermín, el centrocampista con alma de delantero, para mandarla a la escuadra con un misil teledirigido. La grada, mayoritariamente culé en tierras árabes, entró en delirio. El canterano, que hace apenas un año era una promesa, se coronaba en Yeda como una realidad absoluta.
El calvario de Unai Simón y el sueño de Roony
Si el 2-0 fue fútbol, el 3-0 fue un error que abrirá debates en Bilbao durante semanas. Roony Bardghji, la perla sueca que Flick ha sabido moldear, encaró a su par, amagó con salir hacia adentro y rompió hacia afuera. Su disparo, aunque seco, fue al centro, pero a Unai Simón se le escurrió el balón por debajo del cuerpo. Un error grosero, de esos que duelen más en las noches grandes, y que terminó por hundir la moral de un Athletic que para entonces ya pedía el descanso como el boxeador que busca desesperadamente las cuerdas.
Pero antes de que Díaz de Mera señalara el camino a los vestuarios, Raphinha decidió que su partido merecía una obra de arte. Desde el pico del área, con apenas ángulo, el brasileño armó un latigazo con la zurda que se coló por la misma escuadra. Era el 4-0. No se veía una diferencia tal en una semifinal de Supercopa desde que se instauró el formato de ‘Final Four’. El Athletic no encajaba cuatro goles en un primer tiempo desde marzo de 2007. Una herida histórica.
Valverde agita el árbol, pero el Barça no baja el pistón
La segunda mitad no trajo la tregua que esperaba Valverde. Pese a que el técnico extremeño intentó una revolución desesperada quitando a Sancet, Iñaki Williams y Robert Navarro para dar entrada a Guruzeta, De Galarreta y Unai Gómez, el Barça no bajó ni un milímetro su intensidad. Flick, desde la banda, seguía pidiendo presión alta, impidiendo que el Athletic siquiera cruzara el centro del campo con el balón controlado.
En el 51, la herida se hizo aún más profunda. Un nuevo asedio que la defensa rojiblanca no lograba despejar acabó de nuevo en las botas de Raphinha, que fusiló sin piedad para poner el 5-0. La goleada empezaba a ser escandalosa y el rictus de los jugadores del Athletic en el túnel de vestuarios y en el césped hablaba por sí solo: frustración, impotencia y la sensación de haber sido arrollados por un tren que viaja a otra velocidad.
A falta de media hora para el final, con Lamine Yamal saltando a calentar entre los aplausos del respetable, el partido ya no fue una semifinal, sino un entrenamiento con público en esta Supercopa para un Barcelona que parece haber encontrado, por fin, la fórmula de la competitividad total. El Athletic, por su parte, tendrá que reflexionar profundamente sobre cómo una de sus noches más ilusionantes terminó convirtiéndose en una pesadilla en el desierto.
En el minuto 64, el técnico alemán realizó un triple cambio que evidenció la profundidad de este Barça. De Jong, Balde y un ovacionado Raphinha dejaron su sitio a Bernal, Gerard Martín y un Marcus Rashford que entró con ganas de sangre, probando fortuna con un disparo seco marca de la casa nada más pisar el césped. El ritmo bajó, las posesiones se hicieron más largas y pausadas, pero la sensación de peligro cada vez que el Barça cruzaba la divisoria seguía siendo asfixiante.
Lamine Yamal y el rondo infinito
El momento cumbre de la segunda mitad llegó en el minuto 71. El King Abdullah Sports City se puso en pie para recibir a Lamine Yamal y Dani Olmo. La perla de la Masía no tardó en dejar su sello. El joven inventó una asistencia picada deliciosa que a punto estuvo de aprovechar Ferran para el sexto, de no ser por una salida desesperada de Unai Simón.
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Incluso hubo tiempo para el reconocimiento institucional. En el minuto 73, las cámaras enfocaron a Joan Laporta en el palco y el público árabe rompió en una sonora ovación, síntoma del estado de euforia que rodea al proyecto actual. Mientras tanto, en el césped, el Athletic intentaba maquillar el resultado con un tímido disparo de De Galarreta y la entrada del joven Shelton, pero la superioridad técnica del Barça convirtió el tramo final en un rondo gigante bajo los ‘olés’ de la grada.
Un Athletic sin consuelo
El orgullo de los ‘leones’ apareció tarde y mal. Unai Gómez tuvo en sus botas el gol del honor en el 77′, pero la mandó fuera con todo a favor tras un gran desmarque. Ni siquiera cuando el Athletic lograba superar la maraña defensiva culé encontraba premio. Y es que Joan García emergió en el 83′ con una doble parada -un despeje por alto y un vuelo ante un tiro lejano- para dejar claro que hoy el muro azulgrana era infranqueable.
Con el pitido final, la imagen fue elocuente. Los jugadores del Athletic hundidos sobre el césped y un Barça radiante que se permite el lujo de llegar a la final sin haber desgastado a sus piezas clave durante los 90 minutos. El equipo de Flick ya espera rival (Atlético de Madrid o Real Madrid), pero la sensación en Yeda es que, juegue quien juegue la otra semifinal, el gran favorito ya ha dictado sentencia.
Con Nico Williams descartado por molestias y un Athletic totalmente entregado, el Barça ya solo piensa en la final. El mensaje enviado hoy en Yeda es el de un equipo que no solo gana, sino que tritura a sus rivales con una sonrisa en la cara.






