No lo está teniendo fácil Mourinho en su regreso al Real Madrid. El entrenador blanco, después de varios años sin entrenar en el nivel más alto del fútbol europeo, no dudó en regresar al Bernabéu tras la llamada de auxilio del presidente blanco, aquel que siempre confió en él, al que pidió que se quedara en el año 2013. Pero la situación de aquel entonces era diferente a la de ahora. Antes tenía que elevar el nivel de un equipo muy potente, ahora tiene que levantar a un equipo sin alma.
Mourinho y sus dos etapas en el Real Madrid
Siempre se dice que, si el Real Madrid está bien, el Barcelona está mal, y al revés. Cuando Mourinho se sentó por primera vez en el banquillo del Bernabéu, allá por 2009, los blancos tenían el reto de superar a uno de los mejores equipos de la historia del fútbol. La mirada rápida atrás dibuja un equipo a la sombra de un súper Barcelona, pero lo cierto es que cogió a un equipo, el que había dejado Pellegrini, que quedó segundo en Liga con 96 puntos, una cifra que, quitando dos veces en la historia del campeonato, no solo hubiera servido para ser campeón, por aquel entonces, fue una cifra récord de puntos para los blancos desde que se suman 3 por victoria en Liga.
Cogió a un equipazo que necesitaba un paso más para poder pelear con ese Barça imposible de parar. De hecho, logró plantarle cara, pero no se superó en líneas generales. Tal fue el reto, tal fue la guerra que se abrió entre los dos grandes, que acabó desquebrajando el Madrid en dos. Y aun así, logró cimentar los éxitos de la década dorada del Madrid que ya es historia del fútbol.
Ahora el reto es otro: coge a un equipo muerto de éxito, de gente que ha ganado mucho demasiado pronto, que se ha quedado sin alma, sin identidad, sin gen competitivo al más alto nivel. Y ya se está quedando sin tiempo. Son seis puntos de diferencia con el Barcelona, y lo que es más preocupante, miras al equipo, y es lo mismo que el año pasado, que el año anterior. Los mismos jugadores, la misma falta de fútbol, la misma falta de intensidad. Toca hacer algo, y hay que hacerlo ya.
Un golpe sobre la mesa
Si algo se ha dicho siempre de Mourinho, es su inteligencia en los banquillos. Quizá en estos primeros partidos tocaba jugar con las mismas armas que ya han intentado otros, dar un voto de confianza a quienes todos entienden que tienen que ser titulares. Igual necesitaba saber de primera mano que lo que veía desde fuera, se parece mucho a lo que ahora ve desde dentro, que tiene jugadores de primer nivel, pero que no pueden jugar juntos. Quizá es el momento de dar un golpe sobre la mesa, de atreverse a hacer lo que algunos ya intentaron y les valió su puesto, igual toca sentar a las estrellas, y apostar por quienes van a morir por él, y por el equipo, en el campo.
Porque después de dos años más lo que va de temporada, se evidencia que Tchouaméni, Valverde y Bellingham no pueden jugar juntos en el medio del campo, que Vinicius y Mbappé no pueden jugar juntos en el ataque, hace falta construcción ofensiva, trabajo en equipo, hambre, y, sobre todo, dejarse la vida por la historia de este club.
Mourinho y una decisión complicada
Mourinho sabe mejor que nadie que las decisiones que debe tomar van a generar mucho ruido, van a ser complicadas de digerir por los pesos pesados del vestuario, por buena parte de la afición, y por la propia directiva, pero sabe mejor que nadie, que lo que no tiene es tiempo. Debe actuar rápido, con determinación, con seguridad y con confianza, porque el tiempo es un lujo que no existe en el Real Madrid. El nivel del eterno rival es muy alto, lo que queda de aquí a que termine la temporada, es una montaña muy dura que no va a dar tregua, no hay excusas, no se puede fallar, y con el equipo actual, es imposible cumplir los objetivos.
Mourinho tiene que elevar el nivel del Real Madrid, como pasó en su primera etapa, pero primero, tiene que hacer despertar a su equipo, eso no lo tuvo que hacer antes. Se enfrenta a las urgencias de un club enorme, donde solo vale ganar, y que ahora, va camino de otro año sin títulos. Hay mucho que cambiar en este equipo, y después de que hayan pasado varios entrenadores, toca cambiar lo que está en el verde. Ahora cuenta con tres semanas hasta el próximo partido, para trabajar, para trazar un plan, y para ejecutarlo en un estadio, el Bernabéu, que por mucho parón de selecciones que haya, va a hablar a la vuelta.
