¿El deporte y la política no van de la mano? Reflexión (I)

¿El deporte y la política no van de la mano? Reflexión

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¿El deporte y la política no van de la mano? Reflexiones candentes

Desde tiempos inmemoriales se ha intentado separar, al menos sobre el papel, la política del deporte. ¿Por qué? ¿Quiénes? ¿Con qué instrumentos y herramientas? En las siguientes líneas se realizará una breve reflexión sobre la relación de la política con el deporte. Se llevará a cabo mediante una breve historia de la evolución del deporte y de sus distintos usos – y abusos – hasta llegar hasta el presente, donde se verá específicamente la relación del fútbol – y del fútbol femenino – con la política.

Veamos pues, cómo se ha desarrollado el deporte… y qué relación ha ido teniendo con la sociedad, los deportistas y la política en las distintas épocas.

El nacimiento del deporte ¿como política de conciliación?

Empezaremos directamente el análisis por los antiguos Juegos Olímpicos de Grecia. ¿Por qué nacieron estas competiciones? ¿Como se desarrollaban? ¿Qué función cumplían: política, social, religiosa? En las siguientes líneas lo veremos brevemente.

Estas competiciones nacieron para cumplir la función religiosa de rendir culto a los Dioses del Olimpo. Las disciplinas deportivas que se practicaban permitían mostrar la excelencia física de los participantes. Pero también llegaron gracias a un contexto: las distintas ciudades griegas estaban en períodos de paz relativa, lo que les permitía formarse físicamente y organizar eventos en los que atletas se enfrentaban, representando a sus ciudades, en una guerra metafórica para establecer la supremacía de unos u otros. De la religión al culto del cuerpo… para representar al pueblo y elevarse por encima de los demás.

Para proseguir, pasaremos a centrar nuestra mirada en otro gran Imperio histórico: Roma. Veremos la relación entre la política y la práctica de actividad física-deportiva. En la Antigua Roma existían también los deportes… pero de otro tipo: los juegos circenses, desde las peleas de gladiadores hasta las naumaquias o las carreras de carros. Estos gladiadores solían ser esclavos o condenados o prisioneros de guerra… que se enfrentaban entre ellos para cumplir la función política de apaciguar a la ciudadanía romana.  También, los nobles debían ser instruidos en el arte de la cultura física pues luego formarían parte de los ejércitos: montar a caballo, lucha con espadas, lucha cuerpo a cuerpo. Como podemos ver la formación y disciplina, por un lado, y la diversión y entretenimiento, por otro, eran las funciones políticas del deporte en la Antigua Roma.

Modernidad y deporte: los valores de los JJOO de Coubertain

Después de esto, con el advenimiento de inestabilidad y llegada de otras prioridades, además de otros contextos sociales y religiosos, la práctica deportiva dejó de ser institucionalizada. Esto es, dejó de dársele una función capital tanto a nivel de culto religioso como a nivel estatal – el contexto tampoco era favorable por la inestabilidad sociopolítica. Pero con la llegada de los Estados modernos y la aparición de varias disciplinas deportivas que empezaban a organizar competiciones, llegó un nuevo cambio. El deporte pasó a institucionalizarse, hasta se recuperaron los Juegos Olímpicos – ahora de alcance global y distintas disciplinas-, y a desarrollar una serie de estructuras y de regulaciones y leyes.

Institucionalizando el deporte

Este proceso de institucionalización y de formalización del deporte ha tenido unas repercusiones: usos y abusos del deporte y de los deportistas. Las distintas leyes han producido distintas estructuras y estamentos de gestión. También han generado sistemas distintos que han logrado diferentes objetivos. Lo que no han conseguido nunca es separar a la política del deporte: precisamente sin políticas públicas del deporte no se puede dar una institucionalización. Por eso hemos podido ver como en diferentes Estados se forman distintos tipos de deportistas que triunfan en diferentes deportes. Y es otra razón por las que se crearon competiciones internacionales a muchos niveles de la gran mayoría de disciplinas deportivas.

Culto al cuerpo como culto religioso: culto a los deportistas y al deporte

El deporte ha llegado a ser como una religión: para deportistas y para seguidores y aficionados por igual. Independientemente de si se trata de deporte profesional o amateur, el culto al cuerpo y a la vida sana, se ha convertido en una de las características de las sociedades actuales – tanto la adoración a cuerpos de adonis como a cuerpos dionisíacos. Redes sociales, medios de comunicación, ideologías… todo nos lleva, cada día más, a la práctica o participación en alguna disciplina deportiva, de alguna forma. Así, hemos dotado al deporte y a sus practicantes de valores positivos, de un aura de reverencia y fervor. Y esto se aprovecha por parte de empresas, políticos y cuerpos gubernativos del deporte. O, para muchos aficionados, el seguir a un deportista o equipo deportivo, se ha convertido en un motivo de culto religioso: de acudir a eventos deportivos hasta crear iglesias asociadas a deportistas.

La guerra y los valores del deporte

Y… ¿como olvidar la politización del deporte en momentos de conflicto a gran escala? El deporte en la guerra: reclutamiento, formación y política de conciliación. Con los conflictos que se han vivido a lo largo del s. XX hemos podido observar la función política del deporte. Se usa para formar y entrenar a los soldados, para protagonizar momentos históricos en que los ejércitos rivales terminan disputando partidos de fútbol, como para hacer propaganda política de un régimen – ejem, JJOO 1936, ejem-. Todo esto, ¿representa los valores del deporte? O, ¿hemos dado por sentado que el deporte y su práctica son beneficiosos y benevolentes por defecto? ¿Consideramos a deportistas y aficionados como agentes activos en la sociedad y sujetos de derechos y con opiniones propios? ¿Qué ha supuesto el deporte para cada sociedad en cada momento?

 

Por Helena García (@hgamo18)

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