‘La Fábrica’ está al poder. Que se lo digan a Manuel Pellegrini y a su Betis. El pasado domingo, el chileno y sus pupilos sufrieron la furia de los productos ‘made in Real Madrid’ en el Santiago Bernabéu. Los béticos fueron arrollados por la cantera blanca (5-1). Los cinco goles anotados por los merengues fueron todos firmados por la marca de la casa madridista. Gonzalo García y su hat-trick se llevaron los grandísimos honores del público. Sin ningún tipo de duda. Pero Raúl Asencio y Fran García también quisieron sumarse a la fiesta de ‘La Fábrica’. Un día histórico, ya que Chamartín llevaba cerca de 40 años sin ver algo igual.
Gonzalo explota, Asencio y Fran García rematan
El Santiago Bernabéu debutó 2026 con hambre de fútbol. Con frío, pero con hambre. En apenas 20 minutos, el Madrid había encendido la caldera. Dominio absoluto. Vinicius hacía de las suyas por la izquierda. Corría, fintaba, arrastraba rivales. Angel Ortiz le perseguía como una sombra cansada. Y entre tanto vértigo, la calma del gol. Una falta, un centro de Rodrygo, un salto de Gonzalo García. Y el rugido. El estadio se vino abajo. El chico del Mundial de Clubes gritaba su primer gol en casa con los puños al cielo. Mbappé en las gradas, Endrick en Francia. Era más que un tanto. Era el inicio de algo.
El segundo fue arte. Un eco de Zidane. Un balón flotando en la frontal, un control de pecho, una volea de esas que paran el tiempo. Vallés voló, pero solo cazó viento. Gonzalo, no. Él cazó gloria. Su figura recortada contra el cielo de Madrid pareció decirlo todo: trabajo, paciencia, recompensa. Dos goles y una historia que apenas empezaba. Porque el Bernabéu no solo celebraba. Se reencontraba con lo suyo, con La Fábrica, con su esencia más pura. Y en esa misma corriente llegó Raúl Asencio. Central de corazón, rematador por un día. Subió al córner y se elevó como si todo el estadio empujara desde abajo. Cabezazo, red, brazos abiertos. Gol. Su primer grito como profesional.
El cierre fue una fiesta completa. Amén del gol bético, Courtois sostuvo al equipo y esperó hasta que el ’16’ pidiese la palabra una vez más. Centro de Arda Güler, taconazo y hat-trick. Ovación histórica. «¡Gonzalo es madridista!», coreaban las gradas. En el descuento, Fran García rubricó la goleada cazando un balón de Federico Valverde dentro del área. 5-1. Tres canteranos. Tres razones para creer. En el Real Madrid de Xabi Alonso hay presente, pero sobre todo, hay herencia. Y eso, en Chamartín, siempre vale oro. ‘La Fábrica’ se corona.
‘La Fábrica’ vuelve a hacer historia
El Santiago Bernabéu tuvo que esperar 13.189 días, unos 36 años, para volver a ver cinco goles de canteranos en su estadio. Según los datos recogidos por MisterChip en X –antiguamente Twitter–, han pasado más de tres décadas desde la última vez que el Real Madrid firmó un partido liguero con cinco goles anotados por futbolistas formados en ‘La Fábrica’. Aquel precedente se remonta al 25 de noviembre de 1989, en un 7-2 frente al Real Zaragoza disputado en el coliseo blanco. Aquel día, los canteranos Míchel, Manolo Sanchís, Emilio Butragueño y Martín Vázquez fueron los protagonistas de una exhibición blanca. Entre ellos, Martín Vázquez firmó un doblete, completando una actuación coral que simbolizaba el peso de la cantera madridista en la era de «La Quinta del Buitre».
RMA 5-1 BET (FT)
3 de Gonzalo
1 de Asencio
1 de Fran GarcíaÚltimo partido del Real Madrid en La Liga con CINCO goles de canteranos: 25 de noviembre de 1989 (7-2 contra el Real Zaragoza en el Bernabéu), con goles de Míchel, Sanchis, Butragueño y doblete de Martín Vázquez.
— MisterChip (Alexis) (@2010MisterChip) January 4, 2026
‘La Fábrica’ da motivos para creer. Es así. Amén de esos cinco goles ‘made in Real Madrid’, el mensaje está claro. La cantera también importa. Y cada vez se nota más. En los últimos 14 meses, once canteranos –Raúl Asencio, Daniel Yáñez, Lorenzo Aguado, Diego Aguado, Chema Andrés, Jacobo Ramón, Fran González, Víctor Muñoz, Víctor Valdepeñas, David Jiménez y Jorge Cestero– se estrenaron con la elástica merengue. Algo que llevaba décadas sin verse. El objetivo es claro: apostar por la casa. Y funciona.






