El doble pivote Aurélien Tchouaméni – Eduardo Camavinga es la columna vertebral del Real Madrid de Xabi Alonso. Con el paso del tiempo, la dupla francesa ha ido demostrando a su entrenador que es la solución a todos los males del equipo. Lo demostraron contra el Betis. Los dos internacionales con de ‘Les Bleus’ coordinaron a todos sus compañeros en el verde. Ambos fueron la gasolina del motor de la sala de máquinas. Camavinga apenas falló dos pases (64/66) y Tchouaméni, tres (75/78). En campo rival, ‘Cama’ ni siquiera se equivocó (37/37). Alonso tiene a sus dos talismanes.
Un doble pivote estable
El doble pivote Camavinga – Tchouaméni no solo sostiene al Real Madrid: lo define. Es el punto de partida y llegada del fútbol de Xabi Alonso. Cada vez que los dos franceses coinciden en la sala de máquinas, el equipo respira otro aire. Recupera el control, gana metros, y ordena el caos. No hay casualidad en el dato: con ellos juntos en el once, el Madrid no pierde. Da igual el rival, da igual el escenario. Jugando al lado, Eduardo y Aurélien son sinónimo de equilibrio.
Desde que el técnico tolosarra apostó por el doble pivote, el Real Madrid encontró una estructura reconocible. Los dos franceses se complementan como pocos centrocampistas en Europa. Tchouaméni ejerce de ancla. Cierra líneas, ordena el pase y dirige desde la base. Camavinga es su contraparte dinámica: va, viene, rompe y conecta. Lo dice Xabi Alonso: «Eduardo ha entrado y salido por circunstancias. No ha podido tener esa continuidad. Ojalá la tenga. Sabemos la calidad que tiene. Cuando arranca, es capaz de traspasar líneas. Tiene una gran actividad. Necesitamos equilibrio». Uno sostiene el equipo, el otro lo impulsa. En ese vaivén se construye el control merengue. Contra el Betis se volvió a ver. El tolosarra volvió a confiar en ellos y el equipo se mostró otra vez sólido, sin fisuras, con una autoridad que había faltado en los últimos meses.
Camavinga y Tchouaméni forman una sociedad casi natural. La compenetración entre ambos es total, tanto en fase ofensiva como defensiva. Cuando el ‘6’ se lanza, el ’14’ cubre. Cuando Tchouaméni levanta la cabeza, sabe que Camavinga ya está ofreciendo una salida. Son una pareja moderna, de recorrido, que combina músculo y técnica, físico y temple. Mientras uno marca los tiempos, el otro introduce el ritmo. Por eso Alonso no duda: cuando se trata de jugar los partidos claves, los dos franceses van juntos.
Juntos, no pierden
No es casualidad que el Real Madrid haya rendido mejor cuando ambos comparten la medular. Juntos, no pierden. En el Coliseum, en El Pireo, en San Mamés o contra el Betis, los blancos dominaron el fútbol desde la base. Ni el contexto ni la presión rival les afectó. El balón circulaba con sentido. El equipo no se partía. Las transiciones rivales se diluían en la telaraña tejida por sus dos centrocampistas. Era el Madrid más reconocible de Xabi Alonso: compacto, paciente y dominante. Ese que juega a su propio ritmo y no al del contrario.
Y ahora, Betis. 😉 https://t.co/MIJcmGqw6s
— Ben Fernandes Santos (@benfeerr) January 5, 2026
Tchouaméni es ‘Xabi’, Camavinga un ‘electrón’
Tchouaméni se ha convertido en la extensión de Xabi Alonso sobre el campo. Interpreta lo que el entrenador tenía en su ADN como jugador: orden, lectura y control. El ex del Mónaco se encarga de tapar, medir y corregir. Es el equilibrio mental del equipo, el mecánico que piensa antes de cada vuelta de tornillo. Su crecimiento ha sido tan sostenido que hoy parece intocable. Su fiabilidad física y táctica lo han convertido en el eje del proyecto. Cuando está él, el Real Madrid defiende y sale de otra manera. Y cuando no está, se nota.
Camavinga aporta la otra cara de la moneda. Menos cálculo, más impulso. Es el corazón, la energía, la irrupción que cambia ritmos y levanta al equipo. Su conducción rompe líneas, su agresividad contagia, su compromiso defensivo multiplica. Es el futbolista que transforma jugadas intrascendentes en ocasiones de peligro. Sin embargo, su gran obstáculo es otro: la continuidad. Las lesiones han cortado su progresión en momentos clave. Cuando parece estar alcanzando su techo, el físico lo frena. Pero si logra encadenar semanas completas, Camavinga tiene condiciones para ser indiscutible. Su asociación con Tchouaméni no solo le da equilibrio al equipo; también lo potencia a él, lo libera. Xabi Alonso lo sabe. Sabe que con ellos dos, su plan funciona.






