La Fórmula 1 no perdona las promesas incumplidas, pero tampoco ignora las inversiones faraónicas. En el paddock de Silverstone, el ambiente no es de derrota tras un 2025 irregular, sino de una tensa y electrizante calma. Para Aston Martin, el año que acabamos de dejar atrás no fue más que un peaje necesario. Un invierno competitivo diseñado para volcar todos los recursos en una sola fecha marcada en rojo en el calendario: el 1 de marzo de 2026.
Es la hora de la verdad, el momento en que el equipo de Fernando Alonso debe demostrar si es una potencia real o simplemente el sueño de un multimillonario.
El 2025 de Aston Martin, un año de transición voluntaria
El rendimiento del AMR25 durante la pasada temporada dejó un sabor agridulce en la afición, pero dentro del equipo la narrativa era distinta. Finalizar en la séptima posición del mundial de constructores dolió, especialmente tras los destellos de genialidad de Fernando Alonso, quien logró rescatar un quinto puesto en Hungría como mejor resultado. Sin embargo, las «desconexiones paranormales» que el asturiano denunciaba por radio no eran errores aleatorios; eran las costuras de un coche que nació como un laboratorio rodante.
Desde la llegada de Adrian Newey en marzo de 2025, el enfoque cambió radicalmente. El genio de la aerodinámica no llegó para parchear un coche con fecha de caducidad, sino para sentar las bases de la nueva era. Esto obligó a la escudería a dar prioridad al túnel de viento de última generación y el nuevo simulador, dejando al AMR25 huérfano de evoluciones significativas en la segunda mitad del año. Fue un sacrificio con el fin de asaltar el trono mañana.
La Santísima Trinidad de Aston Martin: Alonso, Newey y Honda
El éxito en la cima del automovilismo suele depender de una cohesión perfecta entre el talento al volante, la brillantez de sus técnicos y la potencia mecánica. Y por primera vez, Aston Martin parece reunir estos pilares bajo un mismo techo.
En el centro de esta ecuación se encuentra Fernando Alonso, quien a sus 44 años sigue desafiando las leyes de la lógica del deporte. Aunque su temporada 2025 fue discreta en términos de puntos (con 56 unidades frente a las 33 de su compañero), cada carrera fue una exhibición de gestión de daños. Alonso no solo aporta una velocidad pura intacta, sino también la urgencia de un veterano que sabe que el AMR26 es, posiblemente, su última gran oportunidad de alcanzar la ansiada victoria ’33’ y pelear de tú a tú por un tercer mundial.
A esta voracidad competitiva se une la llegada del Cerebro, Adrian Newey. El ingeniero británico es el único capaz de leer el flujo del aire antes incluso de que este toque la fibra de carbono, y su incorporación ya ha transformado por completo la metodología de trabajo en las oficinas de Silverstone. El proyecto de 2026 será el primer coche nacido íntegramente bajo su supervisión, lo que supone una ventaja enorme a la hora de interpretar el complejo nuevo reglamento de aerodinámica activa. Con Newey al mando del diseño, el equipo espera haber encontrado esa llave maestra capaz de descifrar los secretos de la aerodinámica de una manera que sus rivales aún no han imaginado.
Finalmente, todo se completa con el corazón de Honda, una asociación exclusiva que supone el cambio más crítico en la historia de la escudería. Al dejar de ser un simple equipo cliente de Mercedes para convertirse en un equipo de fábrica oficial, Aston Martin ha podido integrar el motor y el chasis de forma simbiótica por primera vez.
Esta alianza permite que piezas vitales como la refrigeración, el reparto de pesos y la entrega de la nueva potencia eléctrica -que ahora representa el 50% del total- se hayan creado en un diálogo continuo entre los ingenieros de Sakura y los de Silverstone. Es esta integración total, sin compromisos externos, la que sitúa a la estructura de Lawrence Stroll en una posición envidiada para asaltar el trono de la Fórmula 1.
Una apuesta de 1.000 millones de euros
Lawrence Stroll entendió hace cinco años que no se puede ganar a Mercedes o Red Bull con herramientas prestadas. La inversión en la nueva sede de Silverstone, que ya supera los 230 millones de euros, ha culminado justo a tiempo. Y no es solo cemento y cristal. Su pieza maestra es un túnel de viento propio, una joya de 180 millones, que permite al equipo de Alonso dejar de depender de las horas alquiladas a Mercedes.
Esta independencia elimina por fin las restricciones de horarios y el riesgo de ‘contaminación’ de datos, permitiendo un desarrollo hermético y sin interrupciones.
Además, el fichaje de Adrian Newey, con un contrato de 35 millones de euros anuales, es el broche de oro a una inversión total que, entre infraestructuras y capital humano, roza ya los 1.000 millones de euros.
A esto se suma una agresiva política de fichajes. Más allá de los nombres mediáticos como Newey o Enrico Cardile, la llegada de ingenieros como Pablo Vázquez Fernández (ex-Alpine) y el cambio de rol de Andy Cowell aseguran que el la escudería tenga la experiencia necesaria para gestionar la presión de ganar. Ya no hay ningún tipo de excusa; Aston Martin tiene hoy la mejor fábrica de la parrilla.
Aston Martin y Fernando Alonso pondrán a prueba 2026 en la cuarta carrera
2026, el examen de la aerodinámica activa
El reglamento de 2026 introduce el ‘Modo X’ y el ‘Modo Z’, alerones móviles que cambiarán la fisonomía del coche en plena recta. Aquí es donde el equipo espera dar el golpe de gracia. Mientras otros equipos han tenido que dividir esfuerzos atendiendo a varios clientes (como Mercedes o Ferrari), Honda se ha centrado exclusivamente en Aston Martin. Esta exclusividad podría ser lo que haga cumplir el sueño. La de un motor hecho a medida para un chasis diseñado por el mejor aerodinamista de la historia.
La capacidad de Alonso para mantenerse en la cima
Las expectativas son tan altas que el riesgo de decepción es real. Las voces en el pitlane sugieren que el AMR26, que se presentará el próximo 9 de febrero, es un concepto disruptivo. El propio Alonso ha dejado caer que las simulaciones ofrecen «sensaciones de victoria», un lenguaje que el de Oviedo solo usa cuando realmente siente que tiene un arma competitiva en sus manos.
El 2026 juzgará la gestión de Lawrence Stroll y la capacidad de Fernando Alonso para mantenerse en la cima. Si el coche funciona, estaremos ante el regreso del dos veces campeón a la lucha por los podios y victorias. Si falla, el proyecto más caro de la historia de la F1 quedará como un recordatorio de que, en la Fórmula 1, ni si quiera la mayor fortuna del mundo garantiza el éxito.
El 2026 no admite términos medios para un proyecto de estas dimensiones. En Silverstone han dejado de contar los puntos perdidos en el pasado para empezar a contar las horas que restan para que las luces se apaguen en esta nueva y esperadísima era. Y es que la apuesta es total. Ya no se trata de ganar carreras, sino de demostrar que el camino de espinas recorrido por Alonso y Stroll era el único peaje posible para alcanzar la gloria eterna.






