El problema del Real Madrid no estaba en el banquillo, no estaba en Xabi Alonso, al igual que el año pasado el problema no estaba en Ancelotti. El curso pasado podía haber más dudas, pero este año, era un secreto a voces, de hecho, el madridismo, nunca ha señalado esta temporada al entrenador tolosarra, si a unos jugadores mimados que parecen no entender lo que significa defender el escudo del Real Madrid, y todo, porque se les ha dado el poder desde el palco presidencia.
La vergüenza de Albacete
La derrota ante el Albacete deja en evidencia a los jugadores del Real Madrid: ante un equipo que va el decimoséptimo en la segunda división, después de caer en la Supercopa ante el Barcelona, después de la imagen dejada de equipo pequeño, y después de la destitución de Xabi Alonso, era de esperar una reacción de los jugadores en el terreno de juego, un cambio de chip, al menos, el que se suele producir habitualmente cuando se cambia de entrenador. Sin embargo, la imagen del equipo blanco fue vergonzosa, un equipo sin alma, sin orgullo, y que no tiene ni idea de lo que representa el escudo que llevan en el pecho.
Arbeloa se enfrentaba su primer partido como entrenador, y vivió la realidad en primera persona. La convocatoria, muchos dicen que fue arriesgas, pero el nuevo entrenador blanco dijo que la repetiría “mil veces”. Y con toda la razón del mundo, porque los jugadores que ayer había en el campo, no deberían haber tenido ningún problema en haber sacado el partido adelante. Porque Arbeloa, que es de los más madridistas que hay dentro de la casa blanca, en un vestuario, no le cabía en la cabeza que todo lo acontecido en la última semana, no le valiera a los jugadores para salir al campo a pelear, a pasar por encima del rival.
Y la evidencia de que no salieron a tope, son los dos primeros goles del Albacete. En esos momentos, el equipo dio un paso al frente, cuando se veían con el agua al cuello, apretó y apenas necesitó minutos para lograr, primero el empate a 1, y luego el empate 2. El problema es que no tuvieron tiempo de volver a tirar de orgullo cuando encajaron el tercer y definitivo gol, no había tiempo material. Aun así, tuvieron una última opción a balón parado, que anoche, fue la única arma para encontrar la puerta rival.
Un error de Florentino
El problema del Real Madrid no llega de ahora, ni del curso pasado. El equipo ha sabido sobrevivir en los últimos años, logrando títulos por el peso de los jugadores, por la inercia, y eso pudo cegar lo que estaba por venir, al menos al aficionado, pero no a la gente de dentro del club. El año pasado, ya era evidente que algo no funcionaba, se le culpó a Ancelotti por ello, un entrador que se tiró todo el año pidiendo “energía” e “intensidad” a sus jugadores.
Llegó Xabi Alonso, quiso corregir los problemas del equipo, pero se encontró con un vestuario con mucho poder, respaldados por su propio presidente, que desautorizó al técnico desde el primer día. Todo estalló el día del Clásico, el día que se evidenció que Florentino Pérez, incomprensiblemente, se había vendido a sus jugadores. El equipo, por aquel entonces, llevaba una dinámica aceptable, pero todo voló por los aires.
La estocada final al Real Madrid
Y por si algo había quedado en pie después de todo lo que ha ido pasando desde el Clásico, el lunes se volvió a encargar Florentino Pérez de hacerlo añicos, prescindiendo de un entrenador que ayer debió seguir el partido con tristeza, y con alegría al mismo tiempo. La historia acabará poniendo a Xabi Alonso en su sitio, pero él no ha sido el culpable de lo que ha pasado, los sabe el aficionado blanco, y esperemos que esto sirva para que se dé cuenta la directiva, para que se dé cuesta Florentino Pérez, que la culpa ha sido de unos jugadores mimados y que se siente con poder, con mucho poder, el que les ha dado, el que les ha otorgado el mismo presidente.






