Desde que Tchouaméni se recuperó de los problemas físicos que le impidieron jugar los primeros partidos de temporada, ha compartido titularidad con Valverde en el centro del campo. Cada vez se hace más evidente que estos dos futbolistas no pueden jugar juntos si el equipo quiere aspirar a jugar a algo más allá del pelotazo. Los dos son dos jugadorazos, con virtudes que les convierten en top mundial, pero ambos comparten el mismo defecto, no tienen capacidad para dirigir el juego del equipo, para mover el balón entre líneas, para encontrar huecos para los compañeros, para agilizar el juego del equipo. El partido ante la Roma fue otra evidencia más de algo que se viene repitiendo a lo largo de los últimos años y que nadie parece querer ponerle remedio, porque es evidente.
La creación en el Real Madrid
Valverde y Tchouaméni llevan jugando juntos más de cuatro años, la diferencia es que antes, el acompañante era Toni Kroos. Desde que se fue el alemán, ambos han tenido que asumir un rol que no saben desempeñar, manejar el juego del Madrid, ser los futbolistas que lancen el juego del equipo, ser las mentes al mando de una sala de máquinas que carece de un director que sepa realmente cómo funciona.
Valverde es un jugadorazo, se deja la vida por el equipo, capaz de aprovechar su potencia para romper líneas, capaz de aguantar al 100% todos los partidos. Pero estas virtudes, cuando más relucen, son al final de los partidos, cuando estos ya están rotos, cuando el cansancio genera más espacios, cuando puede abrir las alas para volar. Pero cuando le toca llevar el peso del juego del equipo, relucen las pocas carencias que tiene. Cada futbolista tiene un rol, tiene unas características, y al uruguayo se le exige hacer cosas que no sabe hacer.
Tchouaméni y el cerrojo del Real Madrid
La cosa sería completamente diferente si su acompañante tuviera esas características, las de saber mover el balón, las de distribuir. Se liberaría de esas tareas y podría explotar sus cualidades. Pero el que tiene al lado es Tchouaméni, un futbolista táctico, un cierre, fuerza, corpulencia, colocación, ideal para cumplir con ese cometido, de los mejores del mundo, pero con una capacidad casi similar, peor, que la del charrúa.
Con los dos futbolistas en el centro del campo, el Real Madrid carece de creación, faltan ideas. Y tampoco ayuda la poca movilidad de los hombres de arriba, que esperan el balón al pie. Y por mucho que Bellingham baje y se ofrezca, ese tampoco es su cometido, él brilla en tres cuartas partes del campo para arriba. Eso explica que la mayoría de jugadas ante la Roma fueran un pase largo de Courtois a los delanteros, y a ver qué pasa.
Valverde al lateral derecho
Valverde no brilla en el lateral derecho por casualidad, brilla porque su condición física le permite llegar al ataque como un centrocampista más, pero desde esa posición, logra todo lo que no puede hacer como centrocampista de creación, llegar con espacio, por sorpresa, liberado, con campo abierto, con facilidad para mirar solo hacia adelante como alternativa, no como director de orquesta.
Con él en el lateral derecho, deja hueco para que un futbolista con más creación esté en el centro del campo, se genera más juego, por la calidad de uno, y por la alternativa de tener a un lateral derecho centrocampista, se le da más sentido al juego colectivo, además de más opciones.
Mourinho y su forma de juego
No es nada nuevo que Mourinho se decante por la fuerza antes que el fútbol, y tampoco hay que culparle por ello, se sabía lo que se fichaba cuando Florentino Pérez le eligió para levantar a este equipo. Sin embargo, parece que la evidencia le está pasando por encima. En rueda de prensa se negó a reconocer que la solución del equipo pasa por los cambios realizados ante la Roma, pero ya sabemos que, si algo tiene el técnico portugués, es orgullo para reconocer errores ante la prensa, pero tampoco hay dudas de que de fútbol sabe, y que lo que se ve desde fuera, él lo ve mucho mejor desde dentro.
Sería interesante que, ante la baja de Vinicius el próximo domingo, se atreviera a jugar con Valverde en la derecha, un centro del campo formado por Tchouaméni, Güler, Bernardo Silva y Bellingham, y Mbappé y Diomande de delanteros, que probara la fórmula contraria a la que probó ayer ante la Roma, solo para ver si con ese sistema se ve algo de fútbol o, por el contrario, el problema es mucho más profundo.
Ante la Roma, la falta de creación fue alarmante, más aún ante la sorpresiva ausencia de Huijsen, renunció por completo al juego para centrarse en lo puramente físico. El rival era la Roma, un gran equipo del continente, pero lejos del top de Champions. No se puede jugar a merced de un rival así. El equipo necesita cambios en el medio, necesita ofrecer alternativas, y con Tchouaméni y Valverde en la creación, no se va a lograr, como lleva pasando los dos últimos años.
