La carrera astur | Pk.8: Mejora el Oviedo; el Sporting se abona al empate

El cuadro carbayón suma un punto ante el Zaragoza en un encuentro donde la imagen cambió en relación a otros duelos. Los rojiblancos, por su parte, también firman tablas, por quinta vez en ocho partidos, en un partido gris que dejó descontenta a buena parte de la afición

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Nuevo fin de semana de competición para los equipos asturianos en Segunda División. El Principado se abona a la ‘X‘ en La Quiniela. Oviedo y Sporting no pasaron del empate en sus duelos ante Zaragoza y Málaga respectivamente. Mejoran los azules, que transmitieron una imagen muy distinta al resto de partidos de la temporada. La mano de Rozada ya empieza a notarse. El equipo se mostró muy intenso, sabiendo qué hacer en cada momento, pero volvió a ser víctima de sus errores. El punto, en Gijón, se ve de otra manera. Encuentro gris del cuadro de José Alberto que dejó insatisfecha a buena parte de su afición. El Sporting suma cinco empates en ocho jornadas, con la sensación de que muchos de ellos podrían haber sido victorias.

Un equipo con excesivo miedo a perder

  • Vuelta a una imagen insulsa: La imagen del conjunto rojiblanco en La Rosaleda fue entre un rango de mala y muy mala. Tras experimentar una clara mejoría durante una hora una semana atrás, José Alberto López decía que ‘habían encontrado el camino’. Pues esta semana todo indica que volvieron a perderlo. El Sporting estuvo durante bastantes fases del encuentro a merced de su rival. Volviendo a fiarlo todo a un dispositivo defensivo que, tras varias jornadas, ciertamente volvió a lucir con la novedad de un Marc Valiente que fue de los mejores del encuentro.
  • Falta de personalidad y descaro: Y es que el equipo se bloquea cuando tiene balón. Cierto es que hay que atribuirle a su rival, al Málaga, un mérito notable en como ejecutó la presión que impidió a los gijoneses circular con comodidad. Pero el equipo no tiene personalidad ni descaro de ningún tipo. Cuando se encuentra con esa dificultad, abandona el plan y se fía a que de un balón largo pueda generar alguna ocasión. Nunca llegó ninguna reseñable. Solo llegaron cuando el partido se rompió debido a que el conjunto costasoleño, que asumió más riesgos para intentar el triunfo, adelantó sus líneas.
  • Y, con todo ello, la victoria estuvo cerca: En esa fase, con el partido algo más roto, ambos pudieron ganar y el Sporting tuvo dos clarísimas ocasiones. En ambas Carmona se encontró con un estratosférico Munir que con dos paradas notables evitó la derrota de su equipo en el tiempo de descuento. Pero aunque el cuadro gijonés pudo ganar en La Rosaleda, a todas luces sin merecerlo, los problemas son cada vez más graves. Ya que se ahonda semana tras semana en los mismos y no se resuelven.
  • La paciencia se agota: Ocho jornadas sin que el equipo no experimente apenas mejoría y que, de hecho, cuando parece dar cierta buena imagen, vuelva a desandar lo andado están llevando al hartazgo a la afición sportinguista. La paciencia se está agotando y el próximo jueves frente al Almería solo vale ganar. No parece que, por ahora, José Alberto López tenga la soga al cuello, pero si el equipo no vence y empieza a convencer aunque sea de forma mínima pronto, no tardarán en ponérsela.

Mejora la imagen, siguen los errores

  • El Oviedo llama a la esperanza. Se vio otro equipo ante el Zaragoza. Uno muy diferente al que veníamos observando a lo largo de las primeras cuatro jornadas. El cuadro de Javi Rozada mostró la imagen que todos quieren ver. Un equipo intenso, con las líneas juntas y que sabe lo que hace con y sin balón. Los azules analizaron el partido a la perfección. Se adelantaron y rápido y esperaron a un Zaragoza que veía como el cuadro asturiano sabía el modo de hacerle daño. Por fuera. Con Saúl y Sangalli castigando la apuesta ofensiva de los maños en las contras. Una interpretación perfecta que viene desde el banquillo. Y es que la mano de Rozada empieza a notarse. Primera semana completa de trabajo y cambio radical. Lo malo, lo de siempre. Esos errores impropios de Segunda División
  • Errores infantiles y algo de mala suerte. Con el Oviedo por delante y el partido relativamente controlado, aparecieron los fantasmas de este inicio liguero. Los errores, esos que penalizan mucho en la categoría. Christian no estuvo acertado al intentar sacar el balón jugado. El Zaragoza robó y Tejera cometió penalti. En el segundo tanto, el propio centrocampista resbaló en el momento más inoportuno y favoreció que, tras un pase interior, Luis Suárez se plantase delante de Nereo Champagne y pusiese el empate. Esa mala suerte que te condena cuando las cosas van mal y a la que acompañan multitud de errores son las causantes de que el Oviedo se encuentre en la última posición.
  • Saúl, Ortuño y Sangalli. SOS. Los tres acudieron al rescate del equipo en el día de ayer. El primero fue Saúl, que con una jugada sensacional nada más comenzar, a la que acompañó un movimiento magistral de Joselu, brindó el primero. El capitán fue el futbolista que todos quieren. Desequilibrante, participativo, diferencial, Todos los ataques pasaban por sus botas. La buscaba, se atrevía, encaraba y desbordaba. El Berjón que pide el Tartiere estuvo acompañado de un Sangalli espectacular. Dueño de la banda derecha, actuó en ataque y en defensa. Se sacrificó y fue un auténtico tormento para la zaga rival. Dos alas que se compenetraron a la perfección con Ortuño. El punta sigue enamorando al municipal ovetense a base de goles. Pichichi en solitario con siete tantos. Eso sí, como él mismo reconoció, urge aprender de los errores para que sus tantos signifiquen triunfos.
  • El Tartiere siempre responde. La afición del Real Oviedo tenía claro que ayer se jugaba algo más que un encuentro. El equipo necesitaba ganar, y el Carlos Tartiere no falló a la cita. Un gran ambiente para intentar arrancar la remontada y salir del pozo. El municipal ovetense no paró de animar en todo el encuentro. Ni con los dos goles visitantes ni con el final del encuentro, momento en el que despidió al equipo con una sonora ovación. La grada estuvo metida desde el primer instante. Y es que por muy mal que vayan las cosas, la parroquia azul jamás deja de creer.
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