El tiempo en la Fórmula 1 se mide en milésimas de segundo, pero para Fernando Alonso, el tiempo se mide en eras geológicas. Este año, en julio, el piloto asturiano cumplirá 45 años, una cifra que en el automovilismo moderno suele asociarse a las carreras de exhibición o a los despachos de los equipos.
Sin embargo, Alonso se prepara para afrontar su 23ª temporada en la categoría reina con la misma mirada afilada que lucía cuando debutó en el ya lejano 2001. Pero hay una efeméride que este año resuena con una fuerza especial: se cumplen exactamente dos décadas, 20 años, desde que el asturiano se proclamara bicampeón del mundo con Renault en 2006.
En una reciente entrevista concedida a The New York Times, Alonso se ha mostrado inusualmente reflexivo. «Si uno se para un poco a pensar y reflexiona sobre el tiempo que ha pasado, está claro que me deja sin palabras«, admite el piloto de Aston Martin. Es la confesión de un hombre que ha sobrevivido a tres generaciones de pilotos, a múltiples cambios de reglamento y a la metamorfosis misma de un deporte que hoy es más mediático y digital que nunca.
La paradoja de la eterna juventud de Alonso
Lo que hace que el caso de Alonso sea un fenómeno de estudio para los especialistas en alto rendimiento es que la estadística oficial y la sensación percibida en el paddock no coinciden. Para los libros de historia, Alonso lleva 20 años sin ganar un Mundial y 13 años sin subir a lo más alto del podio (desde aquel GP de España en 2013). Para cualquier otro atleta, esto sería una losa insoportable; para Fernando, es simplemente ruido externo.
Seguí luchando por el campeonato hasta la última carrera en muchas ocasiones. Por eso no siento que haya estado fuera de la conversación durante veinte años»
«No parece que haya pasado tanto tiempo«, defiende el de Oviedo. Su argumento es sólido: la falta de títulos no ha sido por falta de nivel, sino por la ausencia de la máquina adecuada en el momento preciso. Fernando Alonso recuerda que estuvo a un solo punto o a una decisión estratégica de ser campeón en 2007, 2010 y 2012. «Seguí luchando por el campeonato hasta la última carrera en muchas ocasiones. Por eso no siento que haya estado fuera de la conversación durante veinte años», explica.
A diferencia de leyendas como Sebastian Vettel, que decidió retirarse al sentir que ya no podía luchar por la zona noble, o Kimi Raikkönen, que vivió sus últimos años en la F1 con una actitud más relajada, Alonso mantiene una intensidad casi patológica. Los ocho podios conseguidos en la temporada 2023 con Aston Martin fueron, en sus propias palabras, «una confirmación y un recordatorio para todos de que todavía estoy aquí«.
El valor de los éxitos fuera de la burbuja de la F1
Durante estas dos décadas de sequía en la Fórmula 1, Alonso no se quedó esperando de brazos cruzados. Su ‘exilio’ voluntario entre 2019 y 2020 le llevó a conquistar dos veces las 24 Horas de Le Mans y el Mundial de Resistencia (WEC). Para él, esas victorias fueron fundamentales para mantener viva su mentalidad ganadora.
«Ganar Le Mans o el Mundial de Resistencia fueron otra confirmación de que puedo ser el más rápido en cualquier disciplina«, afirma. Aunque reconoce que las sensaciones no son idénticas a las de aquel GP de Brasil en 2006 donde se coronó por segunda vez, son «los momentos y sentimientos más cercanos» a la cima del mundo. Esta polivalencia le ha permitido regresar a la Fórmula 1 con una perspectiva renovada, entendiendo que su legado no depende solo de un tercer título, sino de haber sido el piloto más completo de su generación.
El muro de los 45 años y el factor Aston Martin
La gran pregunta que sobrevuela el paddock cada mañana es cuánto tiempo más puede aguantar este ritmo un hombre de 45 años. La respuesta de Alonso siempre es la misma: el cronómetro no miente. Mientras siga superando a sus compañeros de equipo y mientras sus reflejos no se vean mermados en las salidas o en los combates cuerpo a cuerpo, el retiro seguirá siendo una palabra prohibida.
El proyecto de Aston Martin, con la nueva fábrica terminada y la llegada de ingenieros de renombre, es el clavo ardiendo al que se agarra el asturiano para seguir soñando. Alonso sabe que el tiempo se agota, pero también sabe que la nueva reglamentación de 2026 (que curiosamente coincide con este 20º aniversario) podría resetear las fuerzas de la parrilla. «Haré lo que sea necesario cuando el coche esté ahí«, promete, dejando claro que su motivación no ha bajado ni un ápice.
Un legado que trasciende los títulos
Alonso se ha convertido en el piloto con más Grandes Premios disputados en la historia (más de 425) y su influencia en las nuevas generaciones es innegable. Pilotos que hoy luchan por victorias crecieron viendo a aquel joven de azul y amarillo derrotar a Michael Schumacher. Para ellos, Fernando no es un veterano al que respetar por su pasado, sino un rival al que temer en el presente.
Así es como Fernando Alonso aprendió a vivir sin dar por hecho el éxito: «Era lo normal…»
Con todo, los 20 años sin un título mundial son, irónicamente, la mayor prueba de la grandeza de Fernando Alonso. Haber mantenido el estatus de mejor piloto de la parrilla para muchos jefes de equipo y expertos durante dos décadas sin tener el mejor coche es una proeza que ningún otro campeón ha logrado. Alonso se queda sin palabras al mirar atrás, pero cuando mira hacia adelante, solo ve la próxima curva, el próximo adelantamiento y esa obsesión por la victoria que, a sus 45 años, sigue siendo el motor de su vida.






