Fede Valverde volvió a vestirse de superhéroe en la victoria del Real Madrid ante el AEK con otro misil para tumbar a un equipo griego que les puso la cosa muy complicada a los blancos. Y lo hizo en el centro del campo, la posición en la que siempre ha reclamado jugar. Reivindica su condición de mediocentro dándole a los blancos otro momento para la historia.
Valverde vuelve a reivindicarse
El uruguayo no jugaba desde el día del Clásico, lo hizo de lateral derecho, se lesionó a los pocos minutos, pero aguantó hasta bien entrada la segunda parte, hasta que su cuerpo dijo basta, siendo una de las claves del equipo en aquel partido. La lesión le impidió estar en Santander, y en Atenas, ya recuperado, Mourinho prefirió darle más descanso y dejarle en el banquillo, por si hiciera falta, y tanto que hizo falta.
No era un partido cualquiera, el equipo volvía a estar en contra cuando el portugués le dio entrada en el campo, pero, a diferencia de lo que suele pasar, el AEK no estaba encerrado atrás, el partido se movía en el caos absoluto, ida y vuelta, con el partido roto, el escenario donde mejor se mueve Valverde, lo hace cuando lleva todo el partido corriendo, cómo no lo iba a hacer saliendo fresco. Y fue protagonista absoluto desde que pisó el césped, erró el primer pase a los pocos segundos tras una primera cabalgada de 15-20 metros, le pilló algo frío, ya no volvió a fallar más. Estuvo presente en todo momento, empujando al equipo, por personalidad, y como capitán y se llevó el premio gordo. Cuando recibió el balón de Brahim, solo por la forma de girarse, todos sabíamos lo que iba a hacer, solo quedaba por esperar que el misil que estaba preparando acabara en la jaula. Nunca lo sabremos, pero difícilmente habrá un portero en el fútbol mundial que hubiera podido detener ese disparo a puerta. Era el minuto 92, le dio los tres puntos al Real Madrid, de centrocampista.
Lo que gana y lo que pierde el Real Madrid
Acciones como estas vuelven a avivar el debate, el de si debe jugar de lateral derecho o el de si debe jugar en el centro del campo. Jugando de centrocampista, y con Tchouaméni al lado, el equipo pierde juego, pierde precisión, pierde imaginación, ninguno de los jugadores está para crear fútbol, y el equipo se resiente. Gana en intensidad en el centro del campo, gana en jerarquía, y gana en amenaza, porque un balón franco que reciba cerca de las inmediaciones del área es medio gol.
Y pierde en ataque en los minutos finales, cuando hacen falta piernas frescas, cuando el resto de jugadores no puede más, él parece tan fresco como en el minuto uno. Rompe líneas conduciendo, lanza al equipo. En el caos, es sin duda, uno de los mejores centrocampistas del mundo.
Lo bueno y lo malo cambia radicalmente cuando juega de lateral derecho. Al equipo le da más alternativas en el centro del campo, la creación crece al apostar por jugadores imaginativos, que saben mover el balón de lado a lado, que crean juego. Entrando por la banda derecha, con esa condición física privilegiada, le permite ayudar en el centro del campo, y le permite entrar con espacio, con mucho, en las inmediaciones del área, cuando más brilla, llegando de líneas más atrasadas y sin ser el centro de atención como lo es en el medio.
Y gana en defensa, porque es un luchador, y por ahora, no se ha resentido ni contra los rivales más fuertes que puedan entrar por su banda. Se deja la vida juegue donde juegue, y cuando lo hace en defensa, brilla igual, o incluso más, muchos le consideran uno de los mejores laterales derechos del mundo, aunque a él no le guste jugar ahí.
La bola, en el tejado de Mourinho
Ahora es el entrenador portugués al que le toca decidir. En la rueda de prensa previa al partido de Atenas, cambió ligeramente el discurso y dejó caer que jugará más de lateral, aunque también advirtió de que lo haría en su posición favorita. El centro del campo actual se está consolidando, y cuando se toca, el equipo se resiente. Es probable que podamos verle en las dos posiciones en un mismo partido. Empezando como lateral, y pasando al centro del campo en los minutos finales, con partidos apretados, cuando nadie más aguanta el ritmo que hay en sus piernas, para crear alternativas, y amenaza desde fuera del área.
Valverde se ha vuelto a reivindicar, de centrocampista. Son multitud de virtudes las que tiene este jugador, pero también condiciona mucho al equipo cuando juega en una posición o en otra. Lo único que parece evidente es que es un jugador que es indispensable para el Real Madrid, por su carácter, por su entrega, por su trabajo, y porque parece que ya tiene claro lo que significa ser capitán del Real Madrid.